Una actuación como ésta, que entendemos pretende ser una respuesta a la crisis, contribuye a empeorar la situación del sector de los loteros -empresas que se dedican a vender paquetes de productos típicamente navideños-, que ya ha visto caer su demanda en más de un 30% en este último año. Y un dato más a tener en cuenta, el citado sector de las cestas y lotes proporciona puestos de trabajo directos a más de 20.000 personas.
Como presidente de la Federación que aúna los Consejos Reguladores de las Denominaciones de Origen de la Comunidad Valenciana, quiero destacar que esas cestas o lotes incluyen productos como el cava catalán o valenciano, el turrón de Jijona y de Alicante, polvorones de Estepa, nísperos de Callosa d'Ensarriá, embutidos ibéricos, etcétera, que lógicamente también se ven afectados negativamente por la medida adoptada por nuestros máximos representantes parlamentarios nacionales y autonómicos.
Conocedor de las vicisitudes que atraviesa el sector agroalimentario, me atrevería a decir, sin ánimo de ofender, que la iniciativa de suprimir el regalo de lotes navideños es tan llamativa como frívola; cuanto menos, poco meditada ¿O es que ahora la solución a la crisis pasa por la reducción del consumo? Consumo, además, de productos nacionales.
En mi opinión, es precisamente en los momentos duros cuando más apoyo deberíamos poder esperar por parte de las Administraciones y de nuestros responsables políticos. Presupuestos racionales, austeros y eficaces, sí; contención del gasto superfluo, también; pero la repercusión económica de la compra de esos lotes para las Cortes Generales y la Cámara Autonómica Valenciana supone un coste ínfimo en el conjunto de sus presupuestos. Distinto hubiera sido, por ejemplo, que hubiesen decidido tomar las disposiciones oportunas para que todo el contenido de las cestas fuera nacional; o, en el caso de las Cortes Valencianas, comprar lotes exclusivamente con productos de nuestra región.
Lamento que a sus Señorías no se les haya ocurrido alguna otra "idea" menos perjudicial para sectores económicos ya de por sí castigados, y confío en que la iniciativa de marras no provoque un efecto llamada, de modo que cunda el ejemplo y se sumen a ella otras entidades públicas y privadas.
Prescindir de los lotes navideños no implica sólo romper con una tradición que forma parte de los aspectos más lúdicos de estas fiestas, sino que en la actual coyuntura de crisis supone también algo mucho más grave, que es dar la espalda a unos sectores económicos que han recorrido un largo y esforzado camino para dignificar sus productos.