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«La historia demuestra que nadie es invencible y yo jamás pensé que lo fuera»

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«La historia demuestra que nadie es invencible y yo jamás pensé que lo fuera»
«La historia demuestra que nadie es invencible y yo jamás pensé que lo fuera» 
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Miguel Indurain, cinco veces ganador del Tour de Francia, participa hoy en la celebración del «Alabici», el primer «Día de la Bicicleta de Alicante»

Julián Palomar ¿Otra vez en la provincia?

Me propusieron estar presente en esta iniciativa y siempre resulta bonito que se acuerden de uno después de tantos años fuera de lo que es la competición y los flashes. Promocionar la práctica del ciclismo me resulta atractivo y más en una ciudad como Alicante con un clima ideal para montarse en una bicicleta durante muchos meses del año. Ya estuve en su día en la puesta en marcha del carril bici de la Universidad y ahora regreso. Será un día bonito y espero que haya mucha gente tomando la ciudad con sus bicis.

-Un estudio ha demostrado que el 76 % de los ciclistas de San Sebastián superan la velocidad permitida en los llamados carriles bici. ¿Las bicicletas son para las ciudades?

Yo creo que sí, aunque debe existir una total armonía entre peatones, ciclistas y automovilistas. Todos deben respetarse para que exista un clima de cordialidad. En muchos países europeos existe y en España se va consiguiendo poco a poco, aunque a veces no resulta sencillo. A veces es más fácil ponerse unas zapatillas e irse a correr, el tiempo que necesitas también es menor, pero el ciclismo te da muchas cosas.

-¿Guarda muy buenos recuerdos de Alicante?

A Alicante puedo considerarla como mi segunda casa, después de Navarra, que es donde nací y habitualmente vivo. No olvido que ahí, más concretamente en Elda, gané en 1983 el Campeonato de España de la categoría de aficionados. Tenía 18 años y aquello fue mi primera gran victoria. Me acuerdo que era un día de mucho calor y que me tocó salir a todos los ataques antes de conseguir la victoria. Luego tuve residencia en Benidorm durante varios años y aquí me pasaba muchos inviernos preparando las temporadas, ya que el clima es ideal para no coger catarros y ponerse en forma.

-Entonces, bien puede decirse que de Elda al cielo...

El 3 de julio de 1983 me convertí en el corredor más joven en ganar el título nacional, pero todavía ni se me pasaba por la cabeza todo lo que vino después. Había gente que pensaba que era demasiado grande para la bicicleta, excesivamente pesado para la montaña… Cuando verdaderamente me dí cuenta que podía aspirar a más cosas fue en el Tour del Porvenir de 1986, donde me tocó defender el maillot amarillo en el Izoard y en el Montgenevre, dos grandes puertos. Comprendí que debía seguir bajando peso. Verdaderamente, la idea de conquistar el Tour no llega hasta 1989, cuando gané una etapa de montaña en Cauterets, a apenas 20 kilómetros de la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes.

-Pero un deportista amateur que había sido capaz de destrozar los registros de Julián Gorospe –entonces un consumado profesional del ciclismo– en la máquina que mide la capacidad pulmonar, no podía tener dudas de que estaba llamado a ser uno de los grandes de este deporte. ¿No le parece?

Con 18 años sólo pensaba en mis estudios de mecánica y en poder ayudar en casa. Lo del ciclismo era una diversión. En casa nos dedicábamos a la agricultura. Teníamos un taller para arreglar la maquinaria y mi intención no era otra que la de dedicarme al campo con mi padre. Lo demás fue llegando. No fue algo que surgiera de repente. sino que fue llegando con el paso del tiempo.

-¿Cuánto le marcó en su carrera y forma de ser Isabel Larraya?

Mi madre fue una parte importante y lo mismo toda mi familia. Tuve una infancia muy feliz donde me fueron inculcando unos valores. La casa siempre ha sido para mí el mejor trofeo. Es el refugio donde todos nos ayudamos en los momentos difíciles y somos felices en los dulces.

-Decía Santiago Bernabéu, ex presidente del Real Madrid, que «no hay mayor desgracia que una corista con madre y un futbolista con padre», aludiendo a todos esos niños deportistas que cuentan como apoyo con unos progenitores que piensan que tienen en casa un fuera de serie ¿Con usted fue diferente?

Mis padres estuvieron siempre orgullosos de mí y de todos mis logros, pero jamás me metieron presión, ni fueron a ningún director a decirle esto o lo otro. El respeto es lo más importante y eso siempre lo tuve claro gracias a los consejos de mi familia.

-¿Ni siquiera le echaron la bronca cuando le robaron su primera bicicleta?

Fui al campo con ella y mientras conducía el tractor dos chavales me la quitaron. Me compraron otra y a partir de ese día tuve un poco más de cuidado. La verdad es que me llevé un buen disgusto.

-Antes de su paseo triunfal modeló su cuerpo con Francesco Conconi. Perdió diez kilos y las montañas comenzaron a ser más asequibles. ¿Cómo fue aquello?

Nunca llegué a trabajar con él. a pesar de que se dijo, aunque sí recogimos un plan de entrenamiento para aligerar peso a través del fondo. Dediqué muchas horas y días a subir montañas. Fue todo el año 87 y la mitad del 88. El cuerpo fue cambiando y llegaron los resultados.

-¿Qué recuerdo conserva de Val Louron, el día considerado por todos como el de su santificación?

Resultó emocionante vestirse de amarillo en el Tour. Desde entonces me han preguntado muchas veces si hubiera ganado cinco si ese día no ataco. La verdad es que no lo sé. Coroné el Tourmalet con un grupo de diez, con Chiappucci y Bugno entre ellos. Ataqué en el descenso. Hubo indecisión general a la hora de coger ropa y me lancé sin dudar para abajo. Me quedé solo al principio, pero me dijeron que esperase a Chiappucci. Para él, la etapa, y para mí, el amarillo. Aquel día no lo olvidaré jamás. No lo había ni soñado antes, pero surgió de esa manera, yo me sentí con fuerza, y con el amarillo encima ya mi mentalidad dio un cambio importante.

-A partir de ahí ganó cinco Tour seguidos. La prensa mundial y los aficionados llegaron a calificarle de «Extraterrestre», «Terminator», «Le roi soleil»... ¿Llegó a creerse invencible?

Jamás se me pasó por la cabeza. Yo sé lo que me costaba llegar cada año a París primero y ni se me pasaba por la cabeza creer que nadie podía ganarme. El trabajo desde diciembre, las privaciones y el frío del invierno estaban ahí y era consciente que sin esfuerzo no hay nada. Con el paso del tiempo veía que cada año me costaba más y la historia demostró que nadie es invencible. Cuando pasa tu tiempo allí está el hombre del mazo para recordarlo. A mí me esperaba en Les Arcs, donde me vi incapaz de seguir a los que mejor estaban. Abajo en el puerto pensé en atacar, pero me entró una flojera en las piernas impresionante. Cuando se lanzó la carrera no podía con mi alma.

-¿Por qué sigue hablando de sus triunfos en plural de modestia cuando se puede permitir el mayestático?

Tengo claro que sin el apoyo del equipo uno no puede hacer nada. Siempre conté al lado con grandes profesionales y tengo que agradecerles todo el trabajo que realizaron junto a mí. Cuando me tocó ser gregario de Arroyo y Delgado, también me agradecieron el trabajo.

-¿Quién ha sido el mejor ciclista de la historia?

Las épocas no se pueden comparar, la de Anquetil y Merckx, la nuestra o la de Armstrong o Contador. Cada época tiene su momento y su dificultad. Lance ha sido el mejor con siete Tour consecutivos, pero unos dicen que Merckx fue superior a todos, porque es el que más victorias tiene; otros que Hinault, porque cuenta con más grandes vueltas. Cada aficionado tiene un poco su gusto y sus prioridades. Es lo bonito, que cada uno pueda elegir el corredor que le guste más.

-¿Le parece que los adversarios de antes eran mucho más duros?

No, me imagino que los rivales que tenía Armstrong en su anterior época eran duros e intentaban hacer las cosas lo mejor posible. Allí estuvo Pantani y unos grandes rivales que le pusieron en dificultad. Él tuvo suerte de que le respetaban y que podía correr una carrera al año. Podía centrarse en el Tour porque tenía un equipo que respetaba esa decisión y eso te permite guardar todas las fuerzas para una carrera. A mí no me gustaba, prefería al Tour con parte del trabajo ya hecho. Contador cuenta con otro tipo de adversarios, pero todos son complicados y difíciles de superar.

-¿Qué opina del regreso del estadounidense Lance Armstrong?

La verdad es que no estamos muy acostumbrados a que algo así suceda. Dentro del mundo del ciclismo ninguno de los grandes campeones regresó y lo del americano es algo que nadie esperaba. Su vuelta significaba romper moldes, pero se ha demostrado que en los años que estuvo fuera no perdió el tiempo y durante el último Tour de Francia consiguió estar entre los mejores.

-¿Cuando acabó su carrera se le pasó por la cabeza volver?

No. En ese aspecto lo tuve claro en el momento que comuniqué mi marcha. Sigo haciendo bici, pero no a nivel de competición. No se me ocurrió volver a coger la bici como profesión después de decir adiós. La carrera de un deportista son diez años y cuando eres todavía joven en el mundo laboral tienes que decidir el dejarlo. Esa decisión es dura y complicada tomarla, a mí me costó unos meses hacerlo, pero, una vez que la tomé, no se me ocurrió volver.

-¿Le hubiera gustado tener a Armstrong en su época?

Yo tuve buenos rivales Bugno, Chiappucci, Rominger, Zulle y Jalabert. Armstrong estaba, pero era joven y se estaba buscando su puesto. No cabe duda que con Armstrong el seguidor tenía garantizado el espectáculo. Para mí las complicaciones serían mayores porque los dos nos defendíamos bien en la crono y en la montaña. Pero el tiempo no se puede parar y cada uno tiene su época. Ahora el ciclismo está muy equilibrado y, como se ha demostrado en la Vuelta a España, los pequeños detalles determinan un ganador. De todas formas, hay que darle a los pedales, cuidarse mucho y trabajar. En eso no han cambiado mucho las cosas.

-Uno de sus compañeros llegó a decir públicamente que usted era igual como persona cuando era un amateur del montón que cuando ganó cinco Tour. Hasta dejaba etapas para los demás.

Cuando era gregario de Perico y Arroyo hacía lo que me mandaban y cuando me dieron los galones no me metía en los esprints porque no me interesaban. Mi objetivo era París. Soy como soy y el hecho de ganar más o menos carreras tampoco debe ser motivo para modificar la forma de ser de uno. Siempre he pensado que uno se va moldeando como persona desde pequeño y no cambia de la noche al día. Vas paso a paso.

-¿Tiene solución el dopaje?

Luchar contra la leyenda negra se ha vuelto en contra en el ciclismo. Los controles son buenos, pero hay que separar los casos aislados del colectivo. Este deporte siempre ha sido pionero en la lucha contra el doping, pero siempre existe gente que va más allá y que hace mucho daño al ciclismo con sus actuaciones.

-¿Tendremos pronto en el pelotón a un nuevo Indurain?

No lo sé. Mi hijo Miguel está realizando sus primeros pinitos con el Club Ciclista Villavés, donde también me inicié yo, pero todavía es pronto para hablar. Es pequeño. Tras hacer fútbol y otros deportes parece que ahora le gusta la bici.

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