JAVIER URRA

«No es cierto que los jóvenes de antes fueran mejores»

 22:07  
«No es cierto que los jóvenes de antes fueran mejores»
«No es cierto que los jóvenes de antes fueran mejores» 

Presidente de la Red Europea de Defensores del Menor y primer Defensor del Menor de España

Con un curriculum profesional como el suyo, ¿cómo se siente al ver que la gente lo convierte en personaje del circo mediático de Belén Esteban?

Me siento parte de mi trabajo y de mi vocación: yo acepto bien la crítica. Entiendo que a veces las luchas de los medios de comunicación son suyas, yo no voy a entrar en polémicas de otro tipo. La semana que viene presentamos un libro de psiquiatras y psicólogos que se llama «Secretos de la consulta», me encanta asistir a jornadas como éstas de Villajoyosa, doy clases en Psicología y en Medicina… veo diariamente gente muy intelectual a mi alrededor, pero también me gusta mucho estar con la gente llana.

Una cosa es llana y otra cutre, no sé si me explico.

Lo dices tú, no yo. Yo voy a tomar algo a un bar y ha habido gente que casi me ha increpado por mi actuación profesional; bueno, yo lo que hago es escucharles. Se pueden matizar las cosas pero digamos que, bueno, cuando se cree de verdad y se es un vocacional del tema de la infancia, si se lleva uno alguna bofetada que cree absolutamente injusta, pues la acepta: sin más. Y además, convencido de que la sociedad y las gentes de bien, que son el 99%, acaban entendiendo las cosas. Como en todas las tormentas, es cuestión de dejar que pasen.

Sí, pero el personal está en un ay con Andreíta y su mamá.

Pues nosotros nos dirigimos directamente a Tele5, no a la señora Esteban.

Ya. Hablemos de cosas más serias, ¿por qué orientó su carrera hacia el menor?

Pues te lo voy a explicar. Soy hijo único, y para que no estuviera solo me mandaban mucho a campamentos. Soy un niño de campamentos, en ellos descubrí que me gusta ser líder, y cuando fui jefe me di cuenta de que en los campamentos no había deficientes mentales. Yo tenía 18 años entonces (ahora tengo 52), propuse llevar deficientes, funcionó muy bien y a partir de ahí estudié pedagogía terapéutica, psicología, y me dediqué bastante tiempo a la educación especial, siempre me ha interesado muchísimo.

¿Y qué pasó en Benidorm?

l Pues fue donde di la primera conferencia seria de mi vida, en un sitio que tiene un nombre muy bonito: el Centro Doble Amor.

Sí, es bonito el nombre y bonita la obra. Y ahí sigue.

Estos sitios hacen falta, yo puse en marcha uno en Villalba que funciona de maravilla. Luego gané oposiciones del Ministerio de Justicia y trabajé en un centro de reforma con violadores y homicidas, me han puesto más de una vez un pincho en el cuello… quiero decir que tampoco soy un teórico.

Descuide, se le nota: casualmente conozco ese mundo.

Entonces sabes perfectamente que es un mundo tan apasionante como duro. Llevo en él toda la vida desde que creamos los equipos técnicos de la Fiscalía de Menores; he participado en la elaboración de la Ley de Responsabilidad del Menor… me encantan los medios de comunicación por una sencilla razón, de mí dijo Antonio Marina el piropo más bonito que me han dicho nunca: «es un activista educativo».

Muy bonito, sí, pero ¿eso qué tiene que ver con los medios?

Pues que si tú eres un activista educativo tienes que dar clases en la facultad, escribir libros, dar conferencias, pero también tienes que ir a los medios de comunicación. A mí me encantan las cámaras, por qué lo voy a negar.

Mayormente porque sería inútil: eso también se le nota.

Y me encanta escribir y escribo, sobre todo donde me gusta: en el Diario de Navarra porque soy navarro, en Nueva Alcarria porque tengo una casita en Alcolea del Pinar… Me gusta muchísimo leer también, claro. Y me encanta estar con la gente pero también busco mucho la soledad. Aunque he llevado un ritmo de vida endiablado; eso me ha supuesto un infarto de miocardio y tengo la aorta muy machacada. l Yo soy un tipo que no le tiene miedo a la muerte, ni antes ni después, me parece que lo que tenía que hacer está hecho. Dicho esto, me encanta la vida. Tengo dos hijos crecidos, el mayor está muy bien colocado en Washington en el Banco Interamericano, mi hija es psicooncóloga con gente paliativa, mi mujer trabaja en educación especial… He conocido a personas estupendísima. Y auténticos psicópatas.

Que la mayoría están fuera de los centros, ¿se ha fijado?

Pues mira, sí, eso es verdad. Pero yo tengo una visión muy positiva de la gente; tal vez porque viajo mucho por España, lo que me permite conocer su realidad, que no es necesariamente la que nos cuentan.

Dicen que los menores hoy son malísimos, pero casi nadie habla de nuestra responsabilidad en que sean como son.

Pues te voy a decir dos cosas: yo soy muy amigo de Manuel Marlasca que era el director de El Caso, y El Caso vivía de los sucesos; y segunda, en 30 años que llevo trabajando con jóvenes jamás me han preguntado para que diga cosas positivas de ellos. Jamás. Con lo cual si los medios siempre preguntan sobre anorexia, botellón o violencia, la gente llega a la conclusión de que joven y violencia es equiparable. Y no es verdad. l Sí acepto que tenemos una juventud en algún punto irrespetuosa, pero la mayoría de los chicos no son violentos.

¿Qué está pasando entonces?

Pues que hay problemas que tenemos que abordar, del alcohol, de la droga, de fallos, de algo que hay tóxico contaminado de la sociedad, esos programas y series rebosando sexo y violencia… los mayores siempre dicen que los jóvenes que les ha tocado vivir son insufribles y los tiempos pasados eran mejores. No: lo que pasa es que entonces usted era joven.

¿Luego se está dando una imagen demasiado negativa?

Sin duda. Yo soy patrono de Unicef, viajo a Kenia, a Nicaragua, a muchos sitios y veo jóvenes muy comprometidos, solidarios, como nunca de preparados. Es verdad que se les ha robado la religión, la ideología política, la estabilidad familiar, la seguridad laboral, antes sabían que iban a unas oposiciones y encarrilaban su vida. Todo eso hace que los jóvenes sean muy prácticos, muy pragmáticos, y entonces algunos son hedonistas, nihilistas: primero yo y luego yo. Y esos son los que nos van a generar problemas, en una sociedad además muy sobreprotectora; estamos haciendo esos pequeños tiranos que me dieron título para mi libro «El pequeño dictador».

¿Tienen un poco de complejo en esta época los padres, y sobre todo las madres, de no darles a sus hijos toda la presencia que les gustaría, y tratan de compensarlo consintiéndolos?

Sí, sí, totalmente. Yo creo que hay un sentimiento de culpabilidad, mayoritariamente erróneo. Porque además hay que ser estupendo: estupendo como profesor, como padre, como pareja, como profesional… hay que ser estupendo como todo.

Y eso es inalcanzable, claro.

Claro, porque en la vida lo que hay que ser es simplemente humano, sencillo, normal. Y decirle a los hijos: oye, yo tengo una responsabilidad contigo pero sobre todo la tienes tú, que eres al final libre de tu propia decisión. l Ten en cuenta que los hijos se han convertido en un tesoro, España hoy por hoy es el país con la menor natalidad del mundo.

¿Y por qué cree usted que es?

Porque todo el mundo quiere ser joven, todos quieren tener 18 años. Señora, que tiene usted 63 y es genial, ¿por qué se empeña en no aceptarlo?

Por miedo, diría una.

Todo eso ha calado en los jóvenes. Mas un sentimiento de impunidad, los que hicimos la Ley de Responsabilidad del Menor reconocemos que hay algunas fallas, pero yo creo que en este momento la sociedad las ha detectado. Mi último libro, «Educar con sentido común», es por y para los profesores y es genial la cantidad de ideas que nos han dado. Hay que trabajar en paralelo con ellos.

¿Está de acuerdo con Esperanza Aguirre en que se legisle que al profesor se le considere autoridad a efectos legales?

Está ya en ese libro: me parece bien, pero no es suficiente. Claro que el profesor cuando está dando clases es una autoridad, pero al mismo tiempo tenemos que educar a nuestros jóvenes en el autogobierno. Y por supuesto en la compasión, en la empatía, en el interés y la preocupación por los demás. La educación es el tú, los otros.

Ya. ¿Pero qué hacemos con los menores acosadores, con los que graban palizas con el móvil, con los que agreden a sus padres, con los vándalos, los violadores, los asesinos…?

Educarlos. En el amor y en la autoridad. En este país todo es endurecer leyes o tomar pastillas y ése no es el camino.

¿Y cuál cree usted que es?

No dejarlos ser dictadores desde la cuna. No solucionar con una tibia amonestación una patada en la espinilla al abuelo o un escupitajo a la abuela. Pegarles, no; pero dejarlos una hora cara a la pared para que asuman que han obrado mal, sí. Y si se les castiga, no ceder. Porque no sólo estamos creando tiranos sino seres que se sienten con derecho a todo.

Y seguros de que sus padres les apoyarán contra el profe o contra quien sea: eso es grave.

Mucho. Cuando los padres tengan que pagar hasta el último céntimo los vandalismos de sus niños seguro que se preocupan de educarlos mejor. Vivimos en una sociedad muy algodonosa, muy blanda, muy tonta, sin resistencia a ningún tipo de frustración. Y eso es muy negativo para la formación de la personalidad.

Los hace blandos.

Más bien los hace egoístas y tiranos. Deberíamos relativizar más, ¿por qué ocultarle a un niño de 9 años a su abuelo muerto, si se ha muerto y era su abuelo? El tema de la muerte y del dolor es esencial, hay que aprender a asumirlo para vivir sin miedos y equilibradamente. Es tan importante como alentar en los niños el sentido del humor, yo no conozco a nadie inteligente que no lo tenga.

¿Y qué me dice de educar para una sociedad del bienestar, dándole preferencia al dinero sobre cualquier otro valor?

Es otro error, claro. El mundo tiene que tener más policromía, horizontes muy amplios, pero siempre hay que tener y conservar un punto de austeridad. Es necesario conocer la relación causa efecto entre el esfuerzo y el logro.

Eso no siempre funciona así y usted lo sabe, tampoco vayamos a engañar a las criaturas.

No veo dónde está el engaño en educar para ser libres y autónomos. Hay que fomentar la independencia, sobre todo para asumir los propios deberes. Es importante entender esta frase: tener deberes es un derecho.

¿Es uno de los derechos que intenta garantizar la figura del Defensor del Menor?

Los Defensores del Menor llevan unos 21.000 casos serios al año que se pueden ver todos en la Memoria Anual, naturalmente sin los nombres y apellidos que sólo puede ver el presidente de la Asamblea. De vez en cuando alguno salta a los medios, pero son excepciones. ¿Que se podría hacer más y mejor?, seguro. Pero que se toma en serio, también. Cuando yo era Defensor del Menor avisé al Consejero de Sanidad de que había niños en psiquiátricos de adultos, no los sacó y no me tembló la mano: le costó el cargo. La gente cree que defender a la infancia es ir a una fiesta con globos (que también), pero hay situaciones terribles. Y cuando chocamos con el alcohol, amenazas, desamparos, la adopción por homosexuales, el país se divide por la mitad.

Me ha puesto a huevo lo de la adopción: defínase.

El único estudio que se hizo en España lo encargué yo con 26 familias homosexuales: son pocas. Se hizo un estudio muy interesante y resultó que la relación de los padres con los hijos era muy positiva. Sesgo que tiene el estudio: que las 26 parejas que se dejaron entrevistar se mantenían muy bien en el tiempo, lo que no es habitual ni en las heterosexuales. Si me preguntas a mí ahora que ya no soy Defensor del Menor, si me dan a elegir yo para un hijo prefiero un hombre y una mujer; prefiero, pero no creo que sea excluyente. Lo que ocurre es que la adopción internacional no permite homosexuales.

Y que alguna gente sigue mirando raro a esas familias, ya.

Lo que sí creo es que en todos los temas, sin excepción, hay que poner por delante cuál es el mejor interés del niño hasta donde se pueda valorar. Ese criterio de «como soy su padre (o su madre) hago lo que quiero», nos lleva a equívocos muy graves. No lo creerás, pero hay padres que no quieren a sus hijos. El día más triste de mi vida fue cuando a Defensoría llegó una pareja finísima y estupenda con dos hermanas rusas, adoptadas, y me dijeron: quédese con ésta porque tiene defecto. Lógicamente no puedes obligar a nadie a querer, pero hay situaciones que rompen el corazón.

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