El inicio del curso escolar nos ha traído algunas novedades en el panorama educativo. Por un lado el Informe de la OCDE sobre la educación en España que, aunque referido al curso 2006/07, aporta relevantes datos sobre el panorama educativo español en comparación con el resto de países de la Oragnización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. La segunda novedad es la anunciada por el Conseller de Educación, Alejandro Font de Mora, el pasado día 7 de septiembre acerca de que «este es el curso en el que los alumnos de Formación Profesional han superado a los de Bachillerato». ¿Qué está ocurriendo en la educación? ¿Es bueno que el número de estudiantes de FP supere a los de bachillerato?
El Informe de la OCDE, aunque no recoge los datos pormenorizados para las distintas Comunidades Autónomas españolas (incluso cuando lo hace excluye a la Comunidad Valenciana), permite conocer la situación de la educación de España en relación no solo a los restantes países de la OCDE sino también a la Unión Europea. En general, esta comparativa no deja en mal lugar la evolución de la mejora educativa en España, aunque no por eso existan aspectos en los que todavía debe hacerse esfuerzos para mejorar.
Respecto a las Enseñanzas Medias, el Informe pone en evidencia que el porcentaje de alumnos que están matriculados en itinerarios educativos académicos o generales (bachillerato) en España (56,6%) es notablemente superior al de la media de la OCDE (54,3%), y a la de la UE-19 (47,0%). Paralelamente, la proporción de estudiantes españoles de segunda etapa de Educación Secundaria matriculados en formación profesional es notablemente inferior (43,4%) tanto a la media de la OCDE (47,7%) como a la de la UE (53,3%).
En el caso de la Comunidad Valenciana, para este curso 2009-2010, según el Conseller, estos porcentajes han dado un vuelco notable, tendiendo a acercarse a las medias de la OCDE y UE.
En una primera lectura, esta tendencia debemos de calificarla como positiva. Durante muchos años se ha venido insistiendo en la necesidad de reorientar la formación de nuestros estudiantes hacia la Formación Profesional, debido a la necesidad que tienen nuestros sectores productivos de profesionales preparados sin necesidad de que sean las propias empresas las que lleven a cabo esa labor.
Por otro lado, esa mayor afluencia hacia la Formación Profesional, permitiría disminuir el flujo de estudiantes hacia la Universidad, hecho este que ha originado que tengamos un mayor número de universitarios que algunos países más desarrollados que nosotros. Posiblemente, esto no debería de ser un problema ya que, como se pone en evidencia en todos los estudios sobre el desempleo de los jóvenes, cuanta mayor es la formación, mayores son las posibilidades de empleo. Pero la realidad también nos dice que esta mayor formación no necesariamente logra puestos de trabajo acordes con la misma, sino otros lugares de trabajo que requieren menores niveles formativos.
Ya no se trata de encontrar empleos, sino que el esfuerzo y la inversión que se hace para lograrlos excede de las necesidades de los puestos de trabajo ofrecidos por las empresas. ¡Ojalá que la empresa española estuviera preparada para admitir y contratar a todos los jóvenes titulados de nuestras Universidades ofreciendo puestos acordes con su formación!
Con lo anterior no se quiere decir que debemos de tirar la toalla en el impulso para la mejora de nuestras empresas. Lo que decimos es que se debe ser realista en cuanto a las condiciones reales de nuestro tejido empresarial y al mismo tiempo que aumentamos el número de alumnos en la FP, se realicen las reformas necesarias para que, efectivamente sirva a las necesidades de nuestras empresas y a las de la sociedado