Sergio Illescas
Para Antonio Surroca el surf es algo más que un deporte. Es algo espiritual, poesía, una manera en la que encuentra la armonía perfecta entre el ser humano y la naturaleza. De hecho, Surroca, con bastantes años de surf a la espalda, no suele decantarse por surfear con tablas de tres quillas, con la que los más virtuosos consiguen hacer los mejores trucos. Él opta por el «longboard», una tabla mucho más larga y grande, con una sola quilla, en la que se intenta buscar más el equilibro, el confort, la conexión con el mar. Y es que este veterano, que también ha recorrido medio mundo en busca de la mejor ola, es un enamorado de la historia del surf y de sus clásicos. De hecho, ha llegado a probar las tablas alaias, realizadas con madera de paulonia, ligeras y de gran flotabilidad, que utilizaban antiguamente en la Polinesia y Hawai. Las probó de manos de Tom Wegener, un famoso surfista medio australiano medio californiano, que ahora las fabrica y que, en breve, vendrá a visitarle a su casa.
Como algo cultural también, pero más desde el punto de vista audiovisual, lo ve Roger Scholte, un holandés afincado en Moraira que graba vídeos y realiza fotografías alucinantes de sesiones de surf en la provincia. De hecho, con sus obras ha participado en un festival relativamente joven denominado Cinema Surf Valencia, en el que ha ganado premios con sus istántaneas. «Una vez casi me ahogo, y es que grabar donde rompe la ola puede tener sus complicaciones», dice entre risas. Hugo Corcuera, John Arias y Miguel Ángel Lozano ven esa cultura de una manera más liviana. Entienden el surf como un punto de encuentro entre colegas, en el que intercalar la lucha con las olas con alguna cervecita y buenas canciones. De hecho, militan en bandas de rock alicantinas Steelwheels o Empty Bottles, «con algo de vena surfera», dicen.
Héctor Osvaldo intenta trasmitirle esta filosofía marina a su hijo Agustín, con el que frecuenta Muchavista. Este argentino de 44 años natural de Mar del Plata le inculca la idea de que el surf, más que un deporte, es un estilo de vida, una manera de llegar a nuestra base humana y «dejar de lado esa tecnología que tanto contamina a la juventud actual».