ÚLTIMA HORA
Entrevista a Terele Pávez. Actriz

«Yo nunca he hecho la pelota a nadie»

Al filo de los setenta años pasó por Elche dando vida a una demoledora Duquesa Roja. Terele sigue siendo un desbocado volcán de voz ronca, ojos de brasa y tiernísimo corazón. Y un Ave Fénix indestructible, también.

 01:11  
«Yo nunca he hecho la pelota a nadie»
«Yo nunca he hecho la pelota a nadie» Jose Navarro

por Ángeles Cáceres - Como el Guadiana, usted a ratos brilla en la superficie y a ratos se hunde en un agujero de silencio, ¿en qué momento de su vida se encuentra ahora?

Preguntándome si me dará tiempo, por la edad, para hacer todo lo que siento, todo lo que quiero y todo lo que parece ser que viene. Así de claro. Haré esto y lo otro, pienso… y luego: un momento, guapa, que a lo mejor no llegas. Pero bueno: es un momento excelente, con proyectos, con gente positiva, viendo cómo encajamos todo para alargar como sea la «turné» por lealtad, por cariño, por cómo ha ido todo de bien.

- Con una obra que de entrada levanta ronchas.

Pero enseguida se dan cuenta de que es una parodia; tiene connotaciones de todo muy tremendo pero luego es amor, divertido, reírnos los unos de los otros. Si nos reímos de los abogados, de una empleada de hogar y de los actores, pues nos reímos también de la aristocracia. Y no pasa nada.

- Carga fama de actriz difícil.

Yo te lo explico. Imagíname a mí con 18 años, y otra actriz al lado; claro, había que hacer algo porque esta niña era fina. Es como si yo con Mariposa, la actriz que está con nosotros, me diera cuenta de que es muy peligrosa porque está llena de energías, de ganas, de educación: un primor. Pues si yo tuviera su misma edad y cuando ella saliera al escenario ya nadie me viera a mí y encima estuviera más o menos enchufada, iría diciendo: es mona, peeero… Yo, y lo digo con simpatía hacia mi propia vida, no he sido consciente pero he ido siempre por libre porque he tenido tan seguro esto que no he hecho la pelota a nadie. Decía adiós, hasta luego y ya me llamarán.

- Otras y otros sí visitan despachos, adulan, invitan…

Yo ni he invitado a mi casa a nadie a comer; sobre todo, porque vivía en pensiones. Y de repente me ha llegado una edad que me digo, hija, como sigas esperando… No he buscado la fórmula. Y luego yo tengo una historia y lo digo con honor, no con orgullo: buenas críticas, reconocimientos, halagos.

- Y eterna candidata a premios que al final se llevan otras.

Sí, pero tenía dos frases y me destacaban sólo a mí, y yo una vergüenza… Críticas impresionantes, un premio y adiós. No he sabido llevarlo, no he tenido un representante, fotos, no he llegado a tiempo al reparto, ya se ha encargado alguien de decir: sí, es muy buena pero muy conflictiva, mejor Fulanita que es tan mona. Y mira que yo me entrego al director, por principios. Pero sueltas «iros a la porra», te vas, y que se fastidie el capitán que no como rancho. Te dejas de hablar con una hermana por bobadas, que si tú eres, pues anda que tú, qué portazo has dado, ¿yo portazo?, y así. Lo vas dejando para luego y… Menos mal que estuve con ella antes de morir. Pero lo que nos hemos perdido.

- ¿Le ha pesado en su vida ser la hermana de Emma Penella?

Yo creo que a las dos. Siempre hay alguien que le encanta ir malmetiendo, «que si ella ha dicho de ti», en fin, esas cosas.

- ¿En su esfera personal es tan volcánica como parece?

Sí y no. Lo que he sabido es ser muy intuitiva, en el amor si las cosas no funcionan no soy capaz de quedarme esperando, me he adelantado y a lo mejor lo he estropeado porque si hubiera aguantado un poquito… Pero no, porque hay que dejar que tu destino te lleve; las cosas me han salido como tenían que salir, qué iba a hacer yo. Me habré equivocado de aquí a aquí pero siempre he hecho lo mejor que he creído. O podido. También hay cosas buenas que he encontrado sin buscarlas, y hay que valorar lo que tienes.

- ¿Cómo es su relación con su único hijo, Carolo?

Como la de cualquier madre, más unas circunstancias muy difíciles que hemos vivido juntos, se crió en un camerino. Pobrecito niño, decían, pero en el teatro y la pensión todos estaban pendientes de él. Y él lo percibía porque ahora míralo, siempre pendiente de mí.

- En los momentos jodidos la Pávez ha hecho lo que le ha dado la gana, ¿por qué no mandó directamente a la mierda a los periodistas, después de decir de usted que estaba destruida por el alcohol y la miseria?

Porque algunos no, hija mía. Y porque yo hago lo que siento cuando veo a una persona en circunstancia difícil: compartir. Un bric de vino, un bocadillo o cuatro cartones. Yo no falto al respeto a nadie, y cuando peores son las circunstancias, menos. Cuando veo a una persona en situación dura, pienso que soy yo. ¿Los periodistas…? pues han dicho de mí tantas cosas buenas, que por las que hayan dicho malas no es cosa de andar pasando factura.

- Grandeza se llama esa figura, señora: mis respetos. Lo firmé entonces y me reafirmo hoy.

Grandeza no: comprensión. Es la mejor forma de que nos entendamos todos.

- Ya sé que es repetitivo, pero me tiene que hablar de su Régula de «Los santos inocentes».

Qué guapa. Qué mujer.

- ¿Cómo se metió en su piel?

Amando. Sintiendo lo que siente una madre en esas circunstancias, lo que se te revuelve dentro viendo a tus hijos en la miseria y a los de los señores con la bicicleta, el caramelo y el aro. Pensando «la vida no es justa». Ser actor, al fin y al cabo, no es más que amar a los demás para poderlo contar. Y a veces el personaje se te da la vuelta y no sale, ¿eh? te peleas con él; yo hice una tía muy borde y llegó un punto en que el personaje me dijo: pues anda que tú, guapa. Tienes que contarle muchas cosas tuyas hasta llegar a entenderos, no puedes colgarte un delantal, pintarte cejas gordas y ser una campesina. Si no sientes su dolor, su soledad, su piel, qué vas a contar.

- ¿Esa voz suya bronca y dura ha condicionado su carrera?

Me ha ayudado muchísimo. Yo ya era una niña que compraba los ciegos y me decían: toma, guapo, y suerte. Y de mayor, por teléfono me llamaban señor siempre. Al principio yo bailaba, pero hablé y me decían: oye, que no se te entiende.

- No la imagino yo con tu-tú.

Pues hija mía, monísima. Pero dije una frase y ya me quedé ahí porque no había salida para el baile, solo revista. Esta voz para mí fue un arma y pensé: Dios me ha dado este don.

- Y empezó a usarlo pronto.

Con 12 años con Berlanga en Benicàssim, allí conocí el mar. Pero fue en el escenario donde mi voz cobró su sentido.

- Cuénteme como era de niña.

Era la pequeña de las hermanas, con eso está todo dicho.

- Para mí no, yo fui hija única.

Pues está claro: Terele no importa. Hala, venga, pasa; quita, niña; ¿que te has roto la falda?, ay hija, no sé, tápatela con la mano. Mucho cariño, pero tú no pintas nada. Eso mis hermanas luego de mayor me lo decían: tú siempre has sido la entrañable pero Terele daba igual.

- Suena duro, amiga mía.

Emma era la estrella, Elisa un bellezón con una personalidad muy seria, Mari Juli encantadora… y yo. Pero después. Tal vez por eso soy muy de solucionar, de no darle importancia a las cosas. Mi madre decía: ay, esta niña, sin un vestido; y yo: mamá, si da igual, no me importa. Cuando se murió pensé: ¿y ahora qué hago? Porque todo lo que he hecho en el fondo ha sido para ella. Siempre confió en mí, cuando mis hermanas me acusaban de perderlo todo (que sigo perdiéndolo) mi madre me decía: no te preocupes, hija, que tú vas a perder todo en la vida menos la cabeza.

- Lúcido vaticinio. Por cierto, ¿no le fastidia hacer tantos papeles de segundona?

Y mal pagada: no me he forrado nunca. Es falta de imaginación de los directores y productores, lo haces bien una vez y ahí te encasillan. Pero eso nos pasa a todos los actores.

- Usted adoraba a Paco Rabal.

Es que me conoció de niña-niña, me ha tenido en brazos. Luego los años te igualan. Yo respeto su trayectoria porque lo conocí de lo que él ha presumido siempre, de obrero del estudio, que vivíamos al lado; jugaba con nosotras y ya era guapísimo. Luego fue el actorazo que fue. Pero no cambió.

- Es la condición de los realmente grandes: humildad.

Que es lo que tendríamos que ser todos, humildes.

- Se ha entregado apasionadamente a su profesión pero las ha pasado crudas, incluso viviendo a salto de mata con su hijo, ¿por qué?

Pues ya te lo he dicho: porque das un portazo, piensas «ya me llamarán»… y no te llaman. Pero ésta es una profesión que, si vas, no regreses. Tú no puedes decir «si no consigo triunfar, lo dejo»: es que no tienes que conseguir nada. Es tu camino y apáñatelas como puedas, unas con cremas para las arrugas y tú con jabón y gracias, ellas con dos coches y tú en metro, ¿y qué? Es tu elección, nadie te ha obligado.

- ¿Y eso compensa, Terele?

¿Qué te compensa, tener un sofá maravilloso o estar esperando ese trabajo para el que sabes que estás preparada y lo vas a hacer mejor que nadie? ¿Que en vez de vivir en un buen piso vives en una pensión y a veces trabajas y a veces no? Pues así es. ¿Qué es lo que quieres, vivir de esto? Pues eso, hija mía, ya es más difícil.

- Y muchos se mueren sin tener donde caerse muertos.

¡Muchos! Pero es tu elección, saber qué es lo que tú quieres, quién eres. Viviendo en pensiones, debiéndole a los amigos, devolviéndoselo cuando puedes, no fallándoles cuando te necesitan… y, eso sí, escogiendo tú con quién quieres estar.

- Ya sea ministro o mendigo. Pues debe ser hermoso, porque Carolo quiere seguir sus pasos.

Es actor, sí. Pero le está costando hacerse un hueco porque ha dedicado mucho su vida a mí. Hace cosas, se gana a la gente y triunfará seguro porque vale y, además, se lo merece. Sabe mejor que nadie lo que es esto, pero ser mi hijo a veces es un lastre. Nos ha pasado también a las hermanas, eso de no ir a un sitio para que no crean que vas recomendada.

- ¿Por eso adoptaron distintos apellidos Emma Penella, Elisa Montes y Terele Pávez?

Sí. Con esa idea fue.

- ¿Y con qué directores ha trabajado más a gusto?

Sinceramente, yo no hago nada sin enamorarme del director. Soy así desde el colegio, la mejor monja la mía, la más guapa y me quiere a mí más que a nadie. Eso es una cosa tan verdad… porque nace un idilio entre el director y tú, te enamoras de él, y él de ti, claro, y das todo lo que tienes. Profesionalmente digo, no creas que me voy acostando con ellos.

- ¿Y qué, si lo hiciera?

Nada. Pero cuando tú tienes un personaje, lo único que te importa es darle vida. Si no surge la chispa no hago el trabajo, pero si nos miramos y sí, ya todo es fácil. Él se ocupa de dónde quiere las cámaras, las luces, y yo de lo mío, que es sentir.

- ¿Y con los compañeros?

Es que yo nunca digo «he hecho esto», sino «hemos». No hay figuras: hay equipo. A mí, con Régula, la peluquera me tocaba así el pelo, y eran liendres. Y en la envenenadora de Valencia, la que hacía la ropa me trajo un abrigo que ni se atrevía a darme porque no me conocía, y yo lo veo y como loca, ¡qué maravilla de abrigo! Cutre, marrón, con un botón de plástico en la pechera, de mujer que no le pagan y no tiene para comer, sola, sin amor. Los buenos personajes se hacen entre todos.

- Pero usted pone más.

Pero si me sacan depilada y monísima pierden credibilidad. Eso lo sabe este muchacho, que me arrima tanto la cámara a las nueve de la mañana que no solo me va a sacar las patas de gallo sino hasta las legañas.

- Con que le saque la fuerza de su mirar ya es un Pulitzer. ¿Cómo encaja que la traicionen?

¿La deslealtad? No me la creo. Siempre pienso que algo no he entendido, o algo ha pasado que yo no sé. Y no es que vaya de buena por la vida, yo de buena no tengo nada.

- Nadie es bueno del todo.

Pero yo no me quiero atrancar en lo malo. Hay una frase que dice «todo está bien si bien acaba», y ésa es mi guía. Es mi manera de poder tolerar la vida cuando se pone tan difícil, buscar en todo lo positivo que me pueda dar algo bueno.

- Aunque siempre lo hagan, yo no le voy a preguntar acerca del ideario político de su padre.

Hija, pues menos mal porque se ponen pesadísimos, siempre con lo mismo. Cada uno tiene sus ideas, yo tengo las mías y creo que son evidentes. Lo importante es respetarnos todos.

- ¿Qué no le he preguntado y le gustaría decir?

Cómo me siento en esta tierra: en el paraíso. Me han llevado a comer entre jardines; qué comida, qué atención, qué silencio. Tengo familia por aquí y mi madre era valenciana, mi abuelo, mi bisabuelo… Cuando voy a Valencia Rita Barberá se desvive conmigo, y en Elche me tratáis como a una reina. Yo me quiero quedar aquí.

- Pues cómprese un apartamento, ahora que han bajado.

Eso ya es más difícil. Pero tampoco hace falta comprar para venir a la orilla del mar.

  HEMEROTECA
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  INFORMACION |  LOCALIZACIÓN |  CLUB INFORMACION |  PROMOCIONES     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR PRENSA | CONTRATAR WEB  
INFORMACION.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de INFORMACION.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya