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HEMEROTECA » |
TEXTO: JUANI HERNÁNDEZ. FOTOS: CRISTINA DE MIDDEL. «El que no se va de casa es porque no quiere, porque se está bien y te lo dan todo hecho, con la nevera siempre llena y la ropa planchada y lavada». Joaquín Puch Beltrán es un alicantino de 25 años, licenciado en Derecho y empleado en el departamento jurídico de una empresa inversora. Y vive con sus padres. Aunque en su caso no se siente identificado con coetáneos que con casi 30 años, afirma, no saben ni facturar un vuelo y que «hasta que no tienen un sueldo de 3.000 euros, el coche pagado y una novia con la que compartir gastos no se van. Yo no tengo nada de eso pero soy buscavidas y me estaba planteando marcharme de casa». Es el mayor de cuatro hermanos, ha vivido temporalmente en Madrid y Barcelona (quiso ser actor), y se fue unos meses a Italia «de Erasmus», etapas en las que aprendió a cocinar «porque el que cocina no friega los platos».
Hasta hace poco pensaba independizarse alquilando una casa de tres habitaciones porque el sueldo no le da para hipoteca –«con opción a compra para no tirar el dinero»– y realquilar dos de ellas a estudiantes. Pero lo ha tenido que aparcar porque va a iniciar un máster que se llevará 750 euros al mes de su sueldo. «Para malvivir me quedo en casa de mis padres y ahorro». Nunca le han puesto hora de entrada ni salida, sólo que no rompa la armonía familiar. «A veces hay incompatibilidad de caracteres y me digo por qué no me voy si gano un sueldo pero son momentos puntuales. Mis padres me dicen en alguna ocasión ´a ver si te independizas ya´ pero sé que se quedarían mal. No tengo necesidad de irme». Porque, reconoce, vive «como un marqués, sólo tengo que hacer mi habitación, no pido dinero e intento ayudar a mis hermanos».
Joaquín forma parte del elevado porcentaje (un 47% del total) de jóvenes alicantinos que viven en el hogar familiar, según los últimos datos del Observatorio Joven de Vivienda. Por tramos de edad, en el último año sólo se han emancipado uno de cada diez alicantinos entre 18 y 24 años, un 11% menos que el ejercicio anterior quedando la tasa en el 15,7%, mientras que entre 25 y 29 también la emancipación ha caído, un 3%, y se queda en el 54%. Los estudios coinciden en la tardía emancipación como característica fundamental de la juventud en una provincia con un numeroso colectivo entre 15 y 29 años, más de 351.000 personas, a las que se suman 165.000 más entre 30 y 34 años, cifras por encima de la media española, según el anuario de La Caixa.
¿Son los jóvenes actuales consumistas, individualistas y apáticos frente al compromiso y las cuestiones de interés general, o damnificados por la crisis, el paro, los sueldos bajos y el elevado precio de la vivienda?
Según Raúl Ruiz Callado, del departamento de Sociología I de la Universidad de Alicante, «la definición estadística de juventud, de 15 a 29 años, difiere de la sociológica porque una persona no es considerada adulta hasta que no tiene una emancipación económica del hogar paterno; se percibe un retraso en la edad de salida, que se sitúa en torno a los 30 años. Y nuestra sociedad es familista, que también influye». Incluso el Consejo de la Juventud amplía hasta los 45 años sus estadísticas de emancipación.
Ruiz Callado acaba de impartir en la Sede Universitaria de Villena el curso de verano «Adolescencia y familia», cuya conclusión principal ha sido que los jóvenes se emancipan más tarde que la media de la UE por diversos motivos: nivel de paro más alto, universidades más dispersas, contratos de trabajo más precarios, mercado inmobiliario menos accesible y estado de bienestar menos desarrollado. Pero también en España se considera que la juventud debe «disfrutar y vivir lo mejor posible con los padres ahorrando para crearse un futuro agradable y tener una vida placentera», mientras que en otros países europeos los jóvenes creen que «lo mejor no es lo material, el ahorro, el confort o el afecto familiar, sino la individualización de cada uno y la búsqueda de autonomía y libertad».
Sea como sea, en este momento un joven tiene que destinar en la provincia el 83,4% de su sueldo para adquirir una vivienda en propiedad, un 13% más que los castellonenses y un 11% más que los valencianos, según el informe del Observatorio. En el caso de un hogar joven (en pareja) los alicantinos invierten el 51,9% en pagar la hipoteca. Este informe tacha de significativo «el descenso en el coste de acceso al mercado de la vivienda en propiedad que debería asumir una persona joven, del 2,42% en tres meses». Sin embargo, lo considera sólo «un punto de inflexión y no una mejora sustantiva» puesto que el coste medio asciende a 167.760 euros en la provincia. El precio máximo tolerable –añade el Observatorio– que una persona joven debería pagar por una vivienda en función de sus ingresos no debería superar los 63.000 euros.
La «Fundació un sol món» en colaboración con La Caixa concluía en un estudio que un 57% de los alicantinos menores de 30 años caería en la pobreza si se independizara, al obligarles el elevado pago de la vivienda a vivir con sólo 471 euros al mes.
En esta coyuntura los jóvenes le dan prioridad al éxito universitario y profesional antes de pensar en la vida familiar. Los indicadores demográficos del Instituto Nacional de Estadística marcan que la edad media del primer matrimonio en la provincia es de 31,2 años en los varones y 28,9 en las mujeres, mientras que la maternidad se sitúa en 30,3 años. Anna Fuster tiene ahora justo esa edad y hace cinco meses tuvo a la pequeña Laia. Convive desde hace un año con su pareja, Ausiàs Gomis, de 32 años, en Alicante, hasta donde se trasladaron desde Valencia al encontrar trabajo ella como farmacéutica. «Desde que nació la niña y con la casa tenemos más responsabilidad pero tampoco es muy diferente, ni nada traumático. Además con 30 años no somos jóvenes para tener hijos, antes los tenían a los 20».

Anna y Ausiàs no se sienten desplazados con respecto a otros jóvenes con la vida más sencilla puesto que la mayoría de sus amigos también han tenido ya descendencia. «Es algo natural y no tiene tanta historia. No porque tengas un hijo dejas de tener vida, lo único es más complicado salir de noche, pero vamos a una terracita, buscamos sitios con menos ruido y sin humo, y cenamos más en casa pero el ocio lo mantenemos». Ambos se independizaron muy jóvenes, compartieron piso de estudiantes y hace un par de años regresaron al hogar familiar, por separado. «Me costó adaptarme, y a él también, no sólo por volver con los padres, por volver en sí, porque los amigos los teníamos en la Universidad y era otro ambiente. También echaba de menos mi espacio», explica Anna, que se encontraba, eso sí, con la comida en la mesa. Ahora la prepara Ausiàs, filólogo catalán sin trabajo en este momento.
Si ya al colectivo le cuesta volar del nido, en los últimos meses otro factor, el aumento del paro ha frenado la emancipación: desde la segunda mitad de 2007, las cifras de desempleo joven en la Comunidad «aumentan con progresiva celeridad», de manera que la tasa ha pasado en un año del 10,8 al 18,9%, lo que supone un incremento del 75,41%. En esta situación se encuentra Paula Pey Ivars, de 30 años y licenciada en Historia del Arte, que hace un mes perdió su empleo como monitora de niños en una empresa de Arqueología. Desde los 18 años sobrevive fuera de casa y ahora compartía piso. De momento no se agobia y enfoca su nuevo estado como «interesante para seguir aprendiendo o prepararme unas oposiciones que me den más estabilidad». En breve dejará la casa compartida para volver a su ciudad, Alcoy, aunque no irá con sus padres sino a la casa de una abuela heredada por la que ha alcanzado un acuerdo ventajoso con sus progenitores que nunca podría haber obtenido con un banco. «Si no fuera por esto, estando en paro no me plantearía una hipoteca, tampoco trabajando a no ser que fuera con una pareja. Hasta ahora mi sueldo sólo me ha permitido pagar alquiler compartido con otras personas».
Según Paula, justo a los 30 años se produce una división entre quienes han vivido con sus padres y directamente fundan un hogar, y los que han tenido otras inquietudes. «Es importante salir de casa, es parte de la formación vital. Fuera te haces familia».
Aunque nunca hubo tantos propietarios jóvenes como ahora (un tercio de los que tienen entre 26 y 30 años), la crisis ha supuesto que muchos de los que se habían marchado de casa vuelvan al refugio familiar. Según una proyección del Consejo de la Juventud, 6.000 jóvenes se encontrarán a final de año en la provincia en esta tesitura al serles inviable seguir pagando la hipoteca o el alquiler. Desde este organismo Joan Rovira recordó que «los jóvenes nunca lo han tenido fácil, siempre se ha jugado mucho con la renovación contractual y el trabajo inestable y ha costado el acceso a la vivienda. Ahora están empezando a preguntar por la bajada de precios de los pisos, lo malo es que la seguridad en el empleo es peor».
Algunos emancipados intentan mantener su hogar independiente gracias a las ayudas al alquiler de vivienda. Hasta este mes el Gobierno ha resuelto 3.266 solicitudes desde la provincia de la denominada renta básica de emancipación, de las que ha ordenado el pago de 2.616. Estas ayudas incluyen el abono de 210 euros mensuales para el alquiler de una vivienda por parte de jóvenes de entre 22 y 30 años, con unos ingresos brutos anuales máximos de 22.000 euros. La media de ingresos de un joven alicantino es de 13.115 euros anuales, y de una pareja joven 21.074.
Estíbaliz Sanchís, de 24 años, y su pareja, Quim Malet, de 33, se independizaron y viven de alquiler en el centro de Alicante. «Residíamos en Barcelona y nos tuvimos que venir porque allí estábamos en una situación crítica. Los alquileres son imposibles, el nivel de vida más caro y los sueldos no son más altos. Llegamos a plantearnos el trabajar por temporadas, en Ibiza en verano y en Huesca en invierno, pero hemos tenido suerte porque la mayoría de los compañeros que nos rodean siguen en casa de sus padres. Cruzamos los dedos». Trabajaron en una tienda de discos y libros, se quedaron en paro y ahora están en asociacionismo él y en Alacant Rock ella. «Muchísima gente de mi generación quiere independizarse pero no le es posible», señala Estíbaliz. «Estamos acostumbrados a movernos, hemos estudiado fuera, hay que seguir rellenando currículum, cuesta dinero y no hay para todo. Una carrera de cuatro años se convierte en ocho, después búscate trabajo, independízate, y todo se alarga».
El actual sistema de vida les condiciona el futuro, y en su caso esta pareja está iniciando los trámites de adopción de un niño , «a ver si para cuando llegue se ha estabilizado nuestra situación». Con respecto a la generación que tiene ahora 35 ó 40 años, encuentran como principal diferencia que «la gente se lanzaba a firmar una hipoteca porque la sociedad lo veía factible y cercano. Ahora la mayoría de mi edad ni se lo plantea». Por ello espera que todo sea mejor para los que ahora tienen 15 años, «el sistema está montado al revés: no tiene sentido seguir con 40 años en casa de tus padres o firmar una hipoteca de 30 para poder vivir solo. Esto tiene que explotar».
Según el Consejo de la Juventud, la mejor arma contra el paro juvenil es la formación, como demuestra que en plena crisis el desempleo ha crecido más entre los estudios primarios y menos en los universitarios, sobre todo en los varones, con un 16,2% frente a un 3,7. Alejandra Bou, actual presidenta, propone fomentar, como salida, el autoempleo y que los jóvenes busquen su espíritu emprendedor. Como el que tuvo Leticia Verdú, de 26 años, que estudió Auxiliar de Enfermería especializándose en depilación láser. Por donde vive, en la Playa de San Juan, no había establecimientos de este tipo, «soy impulsiva, lo quería montar y lo hice». Fue hace más de dos años, y «Por los pelos» está también ya en el centro de Alicante. Aunque es «complicado llevar a los empleados (tiene diez), contentar a la clientela...», reconoce que su negocio le ha ayudado a independizarse con su pareja. «Si no lo hubiera puesto, viviría con mis padres, seguro, y aunque con ellos se está bien llega una edad que.... Como mucho estaría de alquiler, y aunque no ha sido fácil que me la dieran, no tendría una hipoteca». En su caso la mayoría de amigos están aún con sus padres, «algunos estudian y otros trabajan pero el sueldo no les llega para independizarse». Por ello anima a su generación a idear y «montar cosas. Hay que arriesgarse. Es normal tener miedo porque nunca se sabe, pero hay que ser positivo y pensar que va a ir fenomenal». El 55% de emprendedores alicantinos crean su empresa como salida al desempleo, según la Agencia Local de Desarrollo.

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