TONI CABOT
La escena tuvo lugar a las puertas del vestuario del Hércules una vez finalizó el partido ante el Tenerife. Enrique Ortiz, que bajó a la zona de duchas para felicitar al plantel por el trabajado triunfo frente al conjunto isleño, encontró a Cámara en el camino. El centrocampista había dejado caer días antes que Ricardo Sanzol, guardameta con el que coincidió en el Albacete Balompié, podría cubrir la vacante creada en la portería tras la marcha de Sergio Aragoneses al estar en el paro. Del mismo modo, había hecho saber que las pretensiones económicas de Sanzol entraban dentro de lo razonable dado que se ajustaban a lo que dejaba de cobrar Toni Prats, al que se le dará de baja en breve. Ante ello, Ortiz se dirigió a Goikoetxea, pidió su conformidad para contratar a Sanzol y, tras obtenerla, ordenó que comenzaran las gestiones para firmar el contrato con el guardameta.
La escena no hace otra cosa que confirmar que Javier Subirats se ha convertido en una figura decorativa en el Hércules. El club no cuenta con él para el futuro, aunque nadie se define públicamente dado que el todavía director deportivo tiene una cláusula en el contrato que prolonga su vinculación un año más con el Hércules en caso de ascenso.
Relaciones rotas
No obstante, las relaciones están tan deterioradas que se antoja inviable que ambas partes puedan caminar juntas más allá del 30 de junio, fecha que Subirats, presumiblemente, agotará en el Hércules para cobrar la totalidad de la ficha que pactó (417.560 euros brutos); y que percibe con mensualidades de 20.000 euros netos.
La forma de proceder del club en el fichaje de Sanzol no es más que otra prueba palpable de que el técnico valenciano no cuenta en absoluto en el devenir diario de la entidad. Tal circunstancia comenzó a ponerse de manifiesto cuando los dirigentes contactaron con Mandiá semanas atrás ante una previsible destitución de Goikoetxea. En aquella ocasión, el director deportivo no tuvo conocimiento de los pasos dados por la entidad. Sin embargo, sí tuvo incidencia en la desesperada maniobra posterior para abortar el plan que comenzaba a diseñarse, y que se desbarató con una reunión montada en el despacho profesional de Ortiz, que contó con la presencia del presidente Valentín Botella, y a la que Subirats acudió acompañado de Goikoetxea.
Ese ha podido ser el último servicio del secretario técnico, que acabó perdiendo toda la confianza del máximo accionista días después, en la "operación salida" de Sergio Aragoneses. En este asunto, Ortiz dio orden de que al guardameta no se le diera la carta de libertad en tanto el cuerpo técnico tuviera atado un recambio. El último día hábil del mercado de invierno, Subirats hizo saber que el asunto estaba resuelto y, ante ello, la entidad finiquitó el contrato con Aragoneses. Sin embargo, la sorpresa llegó horas más tarde, al comprobarse que la alternativa no se había concretado, circunstancia que provocó la indignación del principal propietario de la entidad.
Paralelamente, un comentario salido del cuerpo técnico, que frustró la llegada del tercer portero del Racing de Santander tras una negociación directa realizada por Ortiz con el presidente del club cántabro, se convirtió en una nueva gota caída en el rebosante vaso de la paciencia del principal dirigente.
Entretanto, tanto Subirats como su ayudante, Higinio García, lanzaron repetidos mensajes a la prensa acerca de que no se podía traer a ningún portero puesto que no había dinero.