J. A. SOLER
Los números no mienten. Cuatro victorias en veinte partidos, lo que supone una media de un triunfo cada cinco jornadas, es la trayectoria que presenta el Hércules en toda una vuelta de competición. Esta pobre línea de resultados obliga al equipo blanquiazul a cambiar su objetivo inicial del ascenso a Primera División por una permanencia sin apuros.
En mitad de la tabla y casi a la misma distancia de la cabeza -ocho puntos- que de la cola -siete-, las perspectivas del Hércules apuntan ahora hacia abajo tomando como referencia la trayectoria que ha llevado el equipo de Andoni Goikoetxea en las últimas 20 jornadas. El fulgurante arranque de temporada que tuvo el conjunto blanquiazul terminó en la cuarta jornada en la que ganó a domicilio al Tenerife, precisamente, el próximo rival del Hércules. Desde entonces, el equipo alicantino sólo ha sido capaz de sumar cuatro victorias ante Ferrol, Éibar, Nástic y Cádiz, nueve empates y ha cosechado siete derrotas. Con todo ello, la escuadra de Goikoetxea ha sumado únicamente 21 puntos, cifra que le sitúa al borde de la zona de descenso en la clasificación parcial de estas 20 jornadas.
Este bajo promedio de puntuación ni siquiera garantiza la permanencia porque, de mantener esta trayectoria hasta el final de temporada, el Hércules no llegaría a los 50 puntos, cifra que asegura estadísticamente la continuidad en la categoría. Por tanto, el conjunto alicantino tendrá que mejorar esos registros para no verse en problemas como ha ocurrido en las dos últimas temporadas.
Todo ello provoca que el objetivo del ascenso quede en el olvido por el momento. El alambre por el que camina el Hércules en la actualidad podría soltarse si no cambia la dinámica de resultados de un equipo que presenta una racha negativa de cinco meses. Esto significa que todos los estamentos del club -consejo de administración, cuerpo técnico, plantilla y afición- deben centrar sus esfuerzos para reforzar el alambre cuanto antes y tratar de encontrar el camino de la tranquilidad. Pensar en otras metas, con los números que lleva el Hércules desde septiembre, suena a pura utopía.