J. A. S.
El futuro de Andoni Goikoetxea como entrenador del Hércules vuelve a estar comprometido después de confirmarse el divorcio entre la afición y el técnico vasco. Más que una cuestión de resultados, la cúpula directiva de la entidad está valorando las consecuencias deportivas que puede tener para el equipo una situación de este calibre. Los accionistas de la entidad, y en especial Enrique Ortiz, dudan sobre un relevo en el banquillo porque "nadie nos garantiza que otro vaya a mejorar el rendimiento del equipo", confirmaba ayer mismo un alto dirigente del club para reconocer que "no sabemos qué hacer". Lo que está claro es que Goikoetxea, pese a que hace tres semanas fue confirmado por Enrique Ortiz hasta el final de esta temporada, no goza de la confianza de los dueños del Hércules. Su continuidad se sustenta, únicamente, en la ausencia de un recambio de garantías, además del nuevo desembolso que el club debería acometer para la contratación de un nuevo técnico.
Las desafortunadas declaraciones del entrenador vasco en vísperas del encuentro ante el Granada 74 han propiciado un nuevo escenario. Los resultados, por discretos que fueran, no iban a alterar la decisión tomada tras el derbi con el Elche de mantener a Goikoetxea en el cargo. Con lo que no contaban los directivos es con el menosprecio del técnico a la afición y las consecuencias que tuvo el domingo en el estadio. Saben que un relevo en el banquillo no asegura un cambio a mejor, pero también son conscientes que algo deben hacer para frenar la espiral tan peligrosa en la que se encuentra sumido el Hércules.