TONI CABOT. ENVIADO ESPECIAL A CÁDIZ
Corría el minuto 88 y, sobre el campo, Andoni Goikoetxea mantenía el mismo equipo inicial. Ni un solo cambio. Era lógico. El técnico debió pensar quesacar a uno de sus hombres del campo era cometer una herejía. Y es que el Hércules rayó ayer la perfección. Visto lo que sucedió en el terreno de juego del Ramón de Carranza, la pregunta sale sola: ¿Cómo es posible que un equipo que es capaz de esgrimir tan sólidos argumentos futbolísticos en un partido ante un rival de indudable calidad, se arrastre en otros transmitiendo desesperación? Entretanto se busca una explicación, quédense con la lección de fútbol dada ayer en la capital gaditana.
Curiosamente, el día de la despedida de Blas Pérez, con el panameño viendo el encuentro desde la grada, el Hércules cambió el método. Del pelotazo tantas veces aborrecido en busca del ya delantero del Tigres de Monterrey, se pasó a apostar por el pase seguro, por la elegancia futbolística, todo ello bien aliñado por un buen orden, un perfecta disposición táctica y, sobre todo, una actitud digna de elogio. Así se superó al Cádiz, mostrando rigor táctico, mejor toque de balón y altas dosis de convicción.
Hay ocasiones en las que sólo se necesita ver diez minutos para tener claro que el partido tiene dueño, independientemente de que el capricho del fútbol juegue malas pasadas. Ayer fue una de ellas. Un empate hubiese sido visto como un pésimo resultado, a tenor del fútbol de precisión esgrimido por el Hércules en el Carranza.
Con dos medios centros rayando la perfección -De los Santos y Rodri-, una defensa segura y firme ?-Juanma, Diego Jaume, César y Graff-, un extremo izquierda desconocido y añorado -Ismael-, la consabida calidad de un genio -Tote- y la presencia incansable y trabajadora de Ion Vélez, el Hércules doblegó y humilló a un Cádiz claramente inferior a un rival que le ganó la partida en todas las zonas del campo. La grada del Carranza clamaba "queremos fichajes, Muñoz pesetero", impotente al ver la lección de fútbol que le estaba dando un rival desconocido para todo aquel que le ha visto hasta ahora. De hecho, la afición cadista fue despidiendo con aplausos los tres cambios casi "póstumos" que Goiko ordenó en la recta final del encuentro únicamente para arañar algún segundo.
Con las ideas claras, el Hércules maniató a su rival en el centro del campo y adoptó decisiones acertadas para hacer daño arriba. Con el balón en su poder, el resultado pudo y debió ser más abultado a favor de los alicantinos, que dispusieron de ocasiones para machacar a su enemigo. Unai Alba sólo tuvo que emplearse a fondo en un disparo cercano de Enrique. Por contra, Contreras sufrió de lo lindo a lo largo de los noventa minutos.
El primer gol herculano reunió belleza y precisión. Dos toques de pizarra salidos de las botas de De los Santos y Tote acabaron con el balón en el pie derecho de Ismael, que conectó de forma precisa con la puntera para superar al guardameta local. El mismo Tote, con su libro de pases interiores abierto, dio otros dos con sabor a gloria a Vélez e Ismael que también debieron acabar en gol.
En la segunda mitad, el orden no sufrió alteraciones. Vélez pudo matar el encuentro al plantarse ante Contreras y, acto seguido, Rodri dejaba la portería temblando con un disparo que repelió la cruceta. De ahí se pasó a la acción injusta, con un claro penalti de Graff que ejecutó Parri. Pero el Hércules de ayer no estaba para empates. Un equipo que juega como lo hizo el alicantino debe ganar siempre. Así que Tote pudo desequilibrar con un gol anulado que arroja dudas y la lógica apareció con un pase de Ismael a Vélez que el vasco no desaprovechó.
Gol, 1-2 y a casa tras salir por la puerta grande ante una afición entendida.