TONI CABOT
E
l Elche presentó ayer sus credenciales al ascenso enviando, de paso, al Hércules a pensar en otra cosa. Al menos, de momento. El partido del orden frente a la innovación -por no llamarlo improvisación- acabó del lado del que se mostró más coherente a la hora de hacer fútbol, del que quiso tocar más el balón para hacer daño frente al que se mueve a base de impulsos y flaquea en el remate final.
David Vidal ha confeccionado un traje que luce pese a tener cuatro retales y dos botones; el Hércules de Andoni Goikoetxea aparece durante muchos minutos desnudo mostrando sus verguenzas, por mucho que se cuente que su ropero está repleto de pajaritas y chaqués.
La metáfora viene al pelo para tratar de buscar un calificativo que dé nombre al hecho de que se decida utilizar en un partido como el de ayer a Santacruz, un chaval juvenil que no había jugado un solo minuto antes con el primer equipo, al tiempo que se deja en la grada a cuatro futbolistas que llegaron este año para esa demarcación: Becham, Ismael, Javi González y Manu (por cierto, entre los cuatro se supera el millón de euros de coste);. Queda claro que algo falla o algo ha fallado.
Bajo esos parámetros, el Elche ganó la partida futbolística a su rival aplicando coherencia en su planteamiento. Además, contó con un futbolista desequilibrante y decisivo: Rubén. El asturiano aportó a su equipo lo que hace falta para marcar diferencias: visión de juego. Rubén trajo en jaque el dispositivo montado por Goikoetxea. Junto al pequeño centrocampista, el doble pivote formado por Pere Martí y Cobo se sintió más cómodo que nunca observando cómo De los Santos era el único obstáculo en la medular en toda la primera parte. Tal consideración técnica, como el hecho de colocar a Cámara por la banda izquierda -otra innovación- mermó al Hércules demasiado. Sin un referente con visión en el centro del campo, el equipo blanquiazul mostró lo que viene mostrando con demasiada asiduidad: fútbol de patadón. Ante ello, el Elche tocó en corto, aseguró la posesión y, sobre todo, evidenció rigor en el orden táctico.
El inicio del encuentro delató que la intención ilicitana llegaba trufada de ambición. Al primer minuto, Rubén anotaba un gol de falta que fue anulado por fuera de juego de Williams. Siete minutos después, el inglés se congraciaba con todo aquel que le tilda de "tronco" tras realizar un buen desmarque y verse favorecido por la excelente visión de Rubén para materializar el 0-1. Y para acentuar su calidad envió un balón al larguero tras ejecutar de forma magistral una falta directa desde la parte derecha de la frontal.
Sin referente
Goiko cambió piezas y cambió esquema. Colocó a Vélez junto a Blas Pérez y puso a Tote por detrás. El problema está en que para servir balones a éstos -descartando el patadón- hace falta un referente que no había. Enfrente encontró superioridad clara, mayor presencia y más prestaciones. Por ahí corrió el balón hacia la portería de Unai, siempre con Rubén como intermediario de un negocio que favorecía los intereses ilicitanos.
El Hércules despertó tímidamente con alguna incursión de Blas Pérez o de Vélez, al tiempo que el debutante Santacruz alternó maneras y desparpajo con alguna pérdida de balón inocente. No se duda de que la inclusión de un futbolista de sus características puede ser un acierto de cara al futuro, lo que ocurre es que ayer quizá fuera el día equivocado para darle la alternativa.
Sale Rubén, entra Mariño
Goiko no tardó en esta ocasión en mover el banquillo. Dejó a Cámara en la caseta y sacó a Sendoa. Acto seguido sacrificó a Santacruz para dar entrada a Farinós y, por último, ordenó la entrada de Mariño por Sergio Fernández. Este último cambio, unido a la salida del terreno de juego de Rubén, lesionado, alteró el panorama futbolístico, amén de que antes se diera alguna ocasión clara por parte del Hércules que acabó en nada.
Sin embargo, el recital de oportunidades perdidas corrió a cargo de Ion Vélez. El delantero cedido por el Athletic tuvo en sus botas al menos tres ocasiones claras ante Willy Caballero que desaprovechó. En el 53, dos minutos después de que Llera y Sergio dudaran en rematar un balón que se quedó suelto en el área pequeña, Vélez vio cómo el esférico se le escapaba del mejor plano tras un perfecto pase de Blas Pérez que le colocaba ante el guardameta franjiverde. Posteriormente, ya con Mariño en el campo, tuvo otra que le dejó, a pase del peruano, solo junto a Sendoa con todo a favor, pero el balón cayó en las manos de Caballero.
El Hércules acaparaba impotencia tras mejorar de forma clara en la parte final del choque. Mariño cubrió el espacio que Tote necesitaba ver cubierto a su espalda y la historia apuntó por otro lado, pero no llegó un gol que, en ese momento, sí se merecía. Al equipo, que tantas cosas le faltaron antes, le fallaba ahora la suerte. Llera, con un taconazo desde dentro del área pequeña, y Vélez, en el tiempo añadido, con un remate que dio en el pie de Samuel cuando llevaba dirección al gol, pudieron igualar la contienda. No fue así. Ganó el Elche, el fútbol ordenado, pensado, coherente...