EFE. MELBOURNE
U
n año más todas las ilusiones y esperanzas de los jugadores comienzan en el Abierto de Australia, que a partir de mañana se inicia en Melbourne Park, donde Roger Federer y Rafael Nadal se aprestan a un nuevo duelo con objetivos diferentes. El español debut hoy ante el serbio Troicki
El primer grande de la temporada siempre ha sido propicio para las sorpresas. No en cuanto al actual campeón, Federer en los últimos tres años, sino para los que aprovechando la incertidumbre han arribado a la final y han intentado arrebatar la corona al suizo en Victoria. Pese a todo, Federer ha resistido todos los embates. Lo hizo el año pasado ante el chileno Fernando González, el anterior contra el chipriota Marcos Baghdatis y en el 2004 ante Marat Safin.
Sus tres títulos en la Rod Laver Arena le colocan ahora en disposición de convertirse en el tercer hombre en la historia en ganar tres veces seguidas el título aquí y lo más importante, en anotarse su 13 Grand Slam, colocándose a solo uno del récord de Pete Sampras, con 14. De triunfar en Melbourne de nuevo, Federer habría ganado tres grandes consecutivos por tercera vez en su carrera, y estaría en disposición de volver a soñar con reunir el Grand Slam, sabiendo que después de esta cita australiana llegaría su terreno maldito en Roland Garros.
Luego se resarciría en Wimbledon y Abierto de Estados Unidos y echaría el resto en los JJ.OO. de Pekín, pero para soñar debe empezar a ganar en la primera gran cita. Una infección estomacal ha privado al suizo de competir en el torneo de exhibición de Kooyong, un habitual en su calendario.
Para Nadal este Abierto de Australia le pone más que nunca a prueba. Nunca ha pasado de los cuartos de final, ronda en la que González sacó provecho de la lesión del español en su partido anterior contra Murray, pero esta vez, animado por su gran actuación en el torneo previo que ha disputado, Chennai, donde fue finalista, tiene a su disposición lograr el puesto de número uno del mundo. Pero Nadal no depende de sí mismo. Debe de ganar en Melbourne y que el suizo Roger Federer no llegue a las semifinales.