P. SESERINO
E
l cambio de actitud, el derroche físico y la ansiada conexión con la afición se tradujo en continuidad por lo que respecta a la serie de resultados negativos en el campo de El Collao. Reparto de puntos, sin goles, frente al Ibiza Eivissa, conjunto al que la fría mañana congeló los escasos recursos ofensivos, limitándose a desarticular con cierta solvencia las embestidas de su rival, comandadas por Perona y Luis Doménech, quien acabó siendo expulsado en el minuto 58, víctima de su escaso recorrido en el mundo del fútbol. El eldense, con una tarjeta amarilla en su haber, simuló una pena máxima que le costó el camino de los vestuarios. En este caso, árbitro y asistente anduvieron compenetrados y acertados en la decisión. No así en la última acción de la primera parte del partido, anulando el trencilla un gol legal a Sergio Mora, cuyo disparo cruzado desde la frontal sorprendió al portero visitante. No obstante, según el asistente, un jugador del Alcoyano, a su juicio en posición antirreglamentaria, intervino en la acción saltando para permitir el paso del balón, despistando así a la zaga rojilla.
El Alcoyano afrontaba la visita del cuadro balear plagado de bajas de futbolistas de corte defensivo, caso de Baixauli, Garrido y Burgueña, además del interior Barselleta. Con todo, Bordalás, pese a meditar el debut del central Jero, prefirió retocar algo más las líneas, desplazando a Carrión al eje de la zaga para situar a Diego Jiménez de lateral izquierdo. Jiménez, del quien otros compañeros deberían tomar nota, pasa por ser el futbolista más polivalente del equipo, capaz, como ha dejado patente, de actuar con tremenda regularidad en cualquier demarcación de la defensa o del centro del campo. Ayer, volvió a cumplir con su misión perfectamente e, incluso, probó fortuna en ataque. Bordalás, obligado por las ausencias, varió asimismo las bandas, colocando de inicio a Luis Doménech y a Patri. La lesión de este último al filo del descanso, le obligó a a retrasar la posición del salmantino, para dar entrada en la punta de ataque al argentino Diego Herrera, quien podría haber disfrutado de sus últimos minutos como blanquiazul, al menos en el campo de El Collao. Y es que, pese ha haber gozado de menos oportunidades que otros componentes de la plantilla, Herrera parece tener asumida su marcha coincidiendo con la apertura del mercado de invierno.
Las pésimas condiciones del terreno de juego, bastante pesado como consecuencia de la lluvia caída sobre la ciudad a lo largo de la madrugada, condicionó, sin duda, el desarrollo del partido. El Ibiza Eivissa fue quien más lo acusó. Acostumbrado a disputar los partidos sobre una superficie más regular, el equipo de Elcacho tardó en asentarse, circunstancia que aprovechó el Deportivo para intimar a Manu con un tiro desde lejos de Luis Doménech y un saque de esquina, botado de nuevo por el joven eldense, que, tras un fallo garrafal del portero, sacaba en la misma línea un defensor. Perona, poco después, disponía de una situación ventajosa, pero anduvo algo lento dentro del área sin poder resolver el mano a mano con el portero. Lo mejor del primer tiempo llegó en las postrimerías. Un rápido contraataque del Ibiza Eivissa conducido por Nacho Jara, dejó solo en el punto de penalti a Raúl Garrido, quien tiro al cuerpo de Maestro. El rechace le cayó a Matías Alonso, disparando raso justo donde se encontraba Diego Jiménez, que mandó la pelota a corner. Todavía con el susto en el cuerpo y con el tiempo cumplido, asistimos a la jugada más polémica del partido: el gol anulado a Sergio Mora. El asistente interpretó que un compañero del mediocentro, en posición antirreglamentaria, despistó al portero saltando por encima del balón. La anulación del gol hizo saltar al público de sus asientos, cargando las tintas contra el trío arbitral. Camino de los vestuarios, Perona fue amonestado con cartulina amarilla por recriminar al colegiado su polémica decisión. La segunda mitad, fue un monólogo del Alcoyano, pese a jugar muchos minutos con un hombre menos. Félix Prieto, de cabeza, dispuso de la ocasión más clara, malograda por el portero, que sacó una mano milagrosa en el último segundo. La afición premió con aplausos el esfuerzo.