EFE.
BERLÍN
E
l Real Madrid cayó ayer por 3-2 ante un Werder Bremen que fue presa de la inspiración en el Weser Stadion y mostró durante los noventa minutos un fútbol ofensivo y arriesgado, sin mayor respeto ante el nombre del rival, que al final dio buenos frutos y un buen espectáculo para el fútbol.
El Madrid también puso lo suyo y el gran ganador fue el público con el fútbol generoso de ambos equipos, que en ningún momento se dedicaron a especular y parecían hacer profesión de fe en la búsqueda de la portería contraria como primer mandamiento del decálogo futbolístico.
Los dos equipos salieron dando muestras en plan de ataque con lo que el partido se mostró bastante abierto desde el comienzo y, ya en el minuto 4, el Real Madrid se vio en desventaja mediante un gol del sueco Markus Rosenberg, que capitalizó un centro desde la derecha de Clemens Fritz.
El Bremen se mostraba bastante atrevido pese al nombre del rival y a estar lleno de bajas -Torsten Frings, Diego y el meta Tim Wiese eran las más notables- a la que se agregó en el minuto 6 la de Fritz, que tuvo que ser sustituido al resentirse de una lesión muscular de la que se había recuperado hacía poco.
El atrevimiento del Bremen no amilanó al Madrid, que también se mostró agresivo buscando la velocidad de Robinho y apretando el acelerador desde la mitad del campo. Los dos equipos sabían donde estaban sus virtudes y ambos procuraban que la pelota estuviese lo más cerca posible del área contraria.
El Madrid emparejó pronto el partido, con un soberbio remate de Robinho en el minuto 14 en una jugada que se había originado en un robo de balón en el centro del campo.
El partido iba de un área al otro y aunque las posibilidades claras no abundaban, la sensación era que en cualquier momento podía llegar el gol para cualquiera de los dos equipos. El gol llegó para el Bremen y otra vez por la banda derecha, cuando Rosenberg ganó la raya de fondo y tiró el centro para que el marfileño Boubakar Sanogo definiese. El segundo tiempo empezó con una ocasión para cada equipo. Primero, un error de Naldo dejó a Ruud Van Nistelrooy en buena posición pero el meta Christian Vander resolvió la situación en el último momento. Luego, en el minuto 50, Iker Casillas salvó al Real Madrid de encajar el tercero con una gran parada ante un cabezazo de Sanogo.
El Werder Bremen se llevó una victoria merecida ya que lo dio todo en un partido en que llegó en condiciones bastante precarias.