J. A. SOLER
L
a derrota ante el Celta y, sobre todo, la forma de producirse ha disparado las alarmas sobre las posibilidades reales de un Hércules que, pese a realizar una gran inversión con cerca de 40 jugadores fichados en sólo 16 meses, no parece encontrar el camino para, al menos, luchar por el ascenso.
Javier Subirats habló de un nuevo proyecto a dos años para abordar el salto a Primera División, tiempo que, según el director deportivo, resulta suficiente para armar un equipo competitivo. En el primer ejercicio, el Hércules estuvo siempre más cerca de la parte de abajo que de la zona de ascenso y terminó de forma decepcionante a pesar de incorporar a 22 futbolistas y tres entrenadores. En la segunda temporada con Subirats al timón de la nave blanquiazul, el proyecto sigue sin cuajar y cuando se cumple el primer tercio de Liga el Hércules empieza a ver de lejos los puestos de ascenso. Todavía queda mucho camino por recorrer y algunos recuerdan lo mal que estaban las cosas hace tres años en Segunda B en una campaña que terminó en ascenso. Entonces, ni lo más optimistas pensaban en enero lo que ocurrió en junio y el trabajo de Subirats se dio por bueno tras escapar del pozo en Alcalá. El fin justificó los medios.
Tras un efímero paso por el Valencia, Enrique Ortiz y sus compañeros de viaje en el accionariado del Hércules volvieron a confiar el mando técnico a Javier Subirats. Pese al fiasco de la primera temporada, el crédito del director deportivo se mantuvo intacto. Tenía por delante otro año, el decisivo, para apuntalar una plantilla que ya había sido renovada en profundidad meses antes. De poco valió el esfuerzo porque Subirats apostó por una nueva revolución con 15 incorporaciones y un técnico de prestigio como Andoni Goikoetxea. Tras un comienzo prometedor, el Hércules ha ido de más a menos y ha generado unas sensaciones alarmantes. Hasta el propio presidente reconocía el domingo que jugando como ante el Celta el objetivo debía mirar más a la permanencia que al ascenso. Un claro síntoma de que el proyecto anda, por el momento, torcido.