EFE.
BARCELONA
S
in necesidad de desplegar un fútbol demasiado brillante, el Barcelona doblegó al Atlético de Madrid (3-0); gracias a tres chispazos de Deco, Xavi y Leo Messi, convertido en máximo realizador del campeonato con seis goles el día en que superó a su compatriota Sergio Agüero en su duelo particular sobre el césped del Camp Nou.
Ayudado por un regalo del inseguro Christian Abbiati, el portero suplente del Atlético, el Barcelona fue capaz de mantener su dinámica de victorias frente a un rival que amenazó con ahogarle, pero que se diluyó con el transcurso de los minutos. El bloque de Aguirre ofreció dos caras, antes y después de encajar el primer tanto.
Y eso que se empeñó en mantener la costumbre de ganar en el Camp Nou. Comenzó revolucionado, filtrándose entre las grietas de un Barcelona atónito. Puso a prueba la capacidad defensiva del Barça. Fue un equipo agresivo y rápido, pero efervescente porque al primer obstáculo, se derrumbó sin remedio.
El punto de inflexión llegó en el momento más inesperado. Messi, revoltoso en su banda, colgó un balón al área del Atlético, sin dificultado para Abbiati. Pero el portero italiano falló en el blocaje y dejó la pelota mansamente a pies de Deco. Sólo tuvo que empujarla el brasileño para cantar el primer gol.
El error del portero italiano fue decisivo porque desmanteló a su equipo, contagiado de la irregularidad de su guardameta. El Atlético se quebró y quedó convertido en un equipo frágil, desbordado y sin recursos. No hubo rastro del once inicial que había asfixiado al Barça en los primeros compases del partido. Tampoco de Forlán o Agüero, sustituido en la segunda parte con más pena que gloria.
Con el viento a favor, el equipo azulgrana es mucho más fiable. Juega para divertirse, para amargura de su rival. Liberado de la presión del empate sin goles y del agobio del Atlético, el Barcelona disfrutó de sus mejores minutos. Messi hizo el segundo gol poco después y Xavi cerró la cuenta al final.