JOSÉ ANTONIO GALVAÑ
C
uriosidad y expectación mediática fue lo que levantó la selección femenina de Irán de Fútbol Sala en el encuentro disputado ayer en Elche ante el Femesala Ocio Azul. El uniforme de juego, con el velo islámico y el chándal que dejaban solo la cara sin tapar, causó cierta extrañeza entre los 500 aficionados que se dieron cita en el pabellón Esperanza Lag. En tan sólo dos días Fernando Jaén, presidente del club ilicitano, ha dejado claro que partiendo de un simple encuentro de fútbol sala y a través del diálogo deportivo se puede hacer una gran favor a ese mestizaje cultural tan necesario para la humanidad. En lo que dura un partido se comprobó que el deporte puede unir culturas diferentes sin tener que recurrir a ningún tipo de entelequia.
Desde el calentamiento y hasta el pitido final, los ojos de los espectadores no paraban de buscar las curiosidades de este singular equipo que ha decidido venir a Elche para preparar los II Juegos Asiáticos. Mucha disciplina a la hora de acatar las indicaciones
Los detalles no sólo estuvieron en la cancha de juego si no también en el palco. El concejal de Deportes de Elche, Federico Buyolo y, el presidente del Femesala, Fernando Jaén, saludaron con una inclinación de cabeza a las directivas iraníes en el palco. Estas no pararon de animar a sus pupilas y con cámara en mano no perdían detalle de lo que ocurría en la pista. Incluso antes de comenzar y al final el choque las dirigentes recibieron el aplauso de sus jugadoras desde la cancha.
En pleno Ramadán las jugadoras de Irán están disfrutando de un permiso oficial durante su estancia en España y destacar el hecho de que el equipo esté rodeado de importantes medidas de seguridad ya que además de la Policía Local, están junto a él miembros de la Policía Nacional.
No faltaron a la cita cámaras de Canal Plus, TVE, TVV, además de un gran número de fotógrafos que captaron los diversos momentos de un partido que terminó con victoria ilicitana por 6 a 1. Pero el resultado era lo de menos. Objetivo cumplido.