EFE.
OVIEDO
L
a selección española logró ante Letonia (2-0); la victoria necesaria para mantener sus aspiraciones de clasificación a la Eurocopa, pero no despejó las dudas que provoca tanto su juego y como el errático comportamiento de su técnico.
Ante una selección blanda, que no presionó y se limitó a juntar dos líneas de cuatro jugadores cerca de su área, el equipo de Luis Aragonés sumó los tres puntos indispensables para mantenerse en la lucha, pero no convenció, sometida a los vaivenes de un entrenador que, con sus extrañas decisiones, logró poner en contra a la animosa afición asturiana.
Contra corriente, Luis dejó en el banquillo a Andrés Iniesta y en la grada a Luis García, el único ovetense de la convocatoria, y dio un voto de confianza a los mismos que empataron en Islandia, con la inclusión de David Albelda en el lugar de Xabi Alonso, expulsado en Reikiavik.
El técnico había pedido mayor compromiso y la selección española, cuando menos, salió dispuesta a evitar sorpresas, aunque para ello contase con la anuencia del rival, que ni siquiera trató de frenar el juego con patadas.
Letonia se limitó a observar, replegada sobre su campo, y dio libertad de acción a Xavi, para satisfacción del centrocampista del Barcelona, que en su encuentro 50 con la selección no sólo dio un recital de conducción del juego en el primer tiempo, sino que acertó a sumar su quinto tanto con la «roja», al culminar desde el área pequeña una internada por la banda derecha de Joaquín (m.13);. Todo quedó dispuesto para la goleada, porque Letonia no dio señales de vida durante más de 20 minutos, España pero no encontró un rematador acertado.
Lo intentaron sin éxito David Villa y Mariano Pernía en un par de ocasiones y no estuvo para nada Fernando Torres, que llegó a Oviedo con una sequía de un año sin marcar con la selección y vivió angustiado desde que, en el minuto 11, fallase una clara ocasión, solo ante el meta Vanins.
Para terminar de ponerse a la afición local en contra, Aragonés, que la víspera había ordenado que el único entrenamiento en el Tartiere fuese a puerta cerrada, sustituyó al poco de comenzar la segunda parte a David Villa por Andrés Iniesta. La primera consecuencia fue una monumental bronca. La segunda, que la grada la tomase con Torres, a quien consideraban que debía haber cambiado. Sin embargo, cuando peor pintaba la cosa para el delantero del Liverpool, el «niño» acertó a cazar un rechace de Vanins para acabar con la incertidumbre.