Deportes Urbanos

Cuando correr rompe el cuerpo

Los aficionados al running son más propensos a sufrir lesiones en el tren inferior, sobre todo en rodillas y pies

17.10.2016 | 11:09

No es difícil adivinar por qué el running tiene cada vez más y más adeptos, tanto en nuestra provincia como en todo el país. Una actividad completa, que no depende de horarios concretos, con un gasto económico bastante bajo y que permite sociabilizar en carreras populares y entrenamientos en grupo. Sin duda sus atractivos son más que suficientes para enganchar a más aficionados cada día. No obstante, desde el corredor más experimentado hasta el novato que acaba de salir a pisar asfalto por primera vez, nadie está a salvo de sufrir lesiones.

Una buena técnica de carrera, un calzado adaptado al corredor, una condición física apropiada y una adecuada gestión de los descansos, añadidos a rutinas de calentamiento y estiramiento, minimizarán el riesgo de tener que parar los entrenamientos por un tirón o algo más serio, pero estas precauciones no garantizan que los problemas no vayan a aparecer. El running es un deporte con un considerable impacto sobre el cuerpo, y los esguinces de tobillo, la tendinitis aquílea o la fascitis plantar seguirán apareciendo de forma eventual entre los practicantes de esta actividad, sea cual sea su nivel o su edad.

El reposo, el hielo en las zonas afectadas y contar con zapatillas específicas de running reducen en la mayoría de casos el dolor y el periodo obligado de descanso. En caso de que las molestias persistan es fundamental acudir al médico para un tratamiento óptimo, ya que estas lesiones pueden tener al corredor en el dique seco durante muchos meses si no se tratan a tiempo.

Entre los problemas que afectan frecuentemente a los corredores hallamos una amplia variedad que afecta al tren inferior, con especial incidencia en rodillas y pies.

Roturas fibrilares
Los isquiotibiales, los músculos de la parte posterior de la pierna, desde la corva hasta el glúteo, pueden experimentar roturas fibrilares si sobreesforzamos la zona entrenando por encima de nuestras posibilidades. Normalmente con detener la actividad y descansar es suficiente, pero puede llegar a requerir cirugía.

La tendinitis rotuliana afecta a la rodilla, ya que es una inflamación de la rótula, y exigirá descanso, más bicicleta y menos correr, y, en casos extremos, operar la zona afectada.

Por otro lado, la tendinitis aquílea puede llegar a afectar a la vida diaria, de modo que es imprescindible tomarse esta lesión muy en serio. El hielo, los estiramientos y cambiar temporalmente a ejercicios menos agresivos como la elíptica deben ser suficientes, aunque si el tendón está muy dañado obligará a la cirugía.

La fascitis plantar es otra molesta dolencia que hace difícil hasta caminar. Una de sus principales causas es el calzado inadecuado. Requiere descanso absoluto y en algunos casos habrá que operar.

La periostitis tibial afecta a la tibia. La inflamación puede obligar a detener los entrenamientos. El hielo y el descanso suelen ser suficientes para mejorar. Si persiste el dolor, la mejor opción es acudir a un fisioterapeuta.

La rodilla de corredor, o síndrome de la cintilla iliotibial, da sus primeros síntomas entre diez minutos y un cuarto de hora después de empezar a correr. Es más compleja de lo que parece, exigiendo detener totalmente la práctica deportiva, y pudiendo requerir sesiones de crioterapia, fármacos antiinflamatorios y plantillas específicas para corregir posibles pronaciones o disimetrías.

Los metatarsianos son huesos del pie que, si se someten a elevadas cantidades de estrés, pueden fracturarse parcial o totalmente. Esto se produce, por lo general, como consecuencia de un entrenamiento demasiado intenso o prolongado. Hay que tener cuidado con esta lesión, ya que puede obligar al deportista a mantener reposo absoluto entre 6 y 8 semanas.

La condropatía o condromalacia rotuliana es otra de las dolencias que afectan a la rodilla, y más concretamente a la rótula. El dolor que se experimenta es similar al de una tendinitis. Por lo general viene causada por un incremento brusco de la carga de entrenamiento, por lo que es recomendable que un fisioterapeuta supervise el programa, recibir infiltraciones o incluso operar el cartílago.

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