23 de junio de 2016
23.06.2016
Fútbol. Eurocopa

Exceso de confianza y déficit de rotaciones en la selección

La falta de cambios ante Croacia restó frescura y ambición a España, que perdió en una Eurocopa tras 8 años

26.06.2016 | 02:18
Aduriz se lamenta durante el España-Croacia

Faltó continuidad en el juego y atención defensiva.

España perdió un partido de la Eurocopa ocho años después y cedió a Croacia el liderato del Grupo D, en un partido marcado por el exceso de confianza, el penalti fallado por Sergio Ramos, la diferencia física por la falta de rotaciones o la mala noche de David De Gea. La derrota condena a España a la parte dura del cuadro. Las que siguen son las claves del batacazo de la Roja ante Croacia.

Exceso de confianza tras el gol
El premio rápido del gol –de Álvaro Morata a los 7 minutos del partido–, empujó al error. España, que andaba firme en defensa, vio el liderato certificado. Le debían marcar dos goles y nadie había sido incapaz ni de inquietar a David De Gea en el torneo.

Inconscientemente, jugó pensando que hasta el empate le valía, como reconoció Nolito posteriormente, y eso fue el inicio del camino hacia el castigo final.

En el fútbol actual los excesos de confianza se pagan y más aún ante un rival del potencial de Croacia. Acciones como un error de Sergio Ramos siendo último hombre y otro con los pies de De Gea, que acabó con regalo en el despeje y disparo al poste de Rakitic, cambiaron la tendencia del duelo y levantaron al rival de la lona.

Faltó continuidad en el juego y se acabó pagando caro. Mentalmente los internacionales españoles no estuvieron metidos al cien por cien. Se vio reflejado en cada acción defensiva a balón parado. Croacia ganó todos y siempre remató. Son detalles por donde se empieza a perder un partido.

El penalti fallado por Ramos
España tiene uno de sus puntos negros en los lanzamientos de penaltis. 13 errores en 30 lanzamientos eleva el error casi a la mitad de los intentos. Desde que se marchó de la selección David Villa, no hay un lanzador definido pero sí un orden que se debe respetar.

Sergio Ramos, un central, no es el lanzador ideal, por mucho que en el recuerdo de la Roja esté el disparo a lo Panenka ante Portugal para el pase a la final de la edición de hace cuatro años. Por delante están jugadores como Andrés Iniesta, David Silva o Cesc Fábregas. La solución llegaría dando continuidad a un mismo lanzador, pero Vicente Del Bosque dejó que hablasen los jugadores y decidiesen. No hubo consiga ni orden desde el banquillo.

Venía de marcar el capitán en la tanda final de la Liga de Campeones, en la Undécima del Real Madrid, pero en la memoria también estaban su penalti fallado en Maracaná ante Brasil o el lanzamiento a las nubes ante el Bayern en unas semifinales de Champions. Añade un nuevo recuerdo negativo. Personalidad le sobra para volver a tirar un penalti en el torneo.

La falta de rotaciones
Nunca en ocho años en el cargo había repetido equipo Vicente Del bosque en una fase final, y de golpe lo hizo en los tres partidos del grupo. Explica muchas de sus decisiones en la configuración de la lista de 23 elegidos. El descarte de futbolistas con más perfil de estrellas que, sin minutos, podían complicar la convivencia.

La ausencia de cambios acabó restando frescura y ambición a España. Pequeños retoques habrían mejorado el tono físico general del segundo acto. La brillantez duró media hora y desde entonces no se estuvo al nivel físico que impuso Croacia. El rival, sin su gran referente Luka Modric, sí introdujo novedades y en su superioridad física comenzó a ganar el duelo.

La mala noche de De Gea
Se esperaba un posible guiño de Del Bosque a Iker Casillas, con la clasificación a octavos de final certificada, pero no llegó al pensar el seleccionador que la situación no estaba para homenajes.

El técnico salmantino no quiso reabrir un debate cerrado y, por no hacerlo, ahora le nace otro. De Gea tuvo una de sus noches más difíciles como internacional. Inseguro en el juego aéreo en varias salidas, sin imponer el dominio que debe ejercer con su altura, con un exceso de confianza con el balón en los pies que pudo costar caro, viendo como le remataban en el área chica el primer gol y como se aliaba con la mala suerte en el segundo. El balón entró por el palo que debía cubrir. El disparo de Perisic rozó ligeramente en la bota de Piqué y desvió la trayectoria cuando el portero español ya se había vencido. La confianza de Del Bosque seguirá siendo ciega en él.

Castigo a la ambición
Nunca una selección puede perder un partido al contragolpe, a tres minutos del final, cuando le vale un empate para conseguir su objetivo. España tenía el primer puesto de grupo asegurado con el empate a un tanto, pero la ambición del campeón le impulsó a ir por el partido.

Aún da vueltas en la cabeza de todos los jugadores y el seleccionador la jugada que decidió el duelo. De un remate de Aduriz buscando el segundo, se pasó a una contra perfecta croata y un mal repliegue defensivo español que costó carísimo.

España pasa de poder estar en una parte del cuadro asequible a verse con Italia en octavos de final y pasar a una zona repleta de campeones del mundo, con Alemania y Francia en el camino. Le faltó madurez y cabeza para matar el encuentro. Los últimos minutos no se deberían haber jugado al ritmo que se hizo. El choque debería haber muerto con la pelota en los pies y una posesión sin necesidad de profundizar.

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