Pasión por el rugby

Arquitecto de profesión y amante del deporte del balón ovalado, Ignacio Dávila fundó La Vila en 1982 y lo convirtió años después en campeón de Liga

16.05.2016 | 12:25
Pasión por el rugby
Ignacio Dávila como jugador del Valencia.

Hablar de Ignacio Dávila es hablar de rugby, de ilusión, de proyectos, de cantera. De carácter afable y con un poblado bigote que le acompaña desde su etapa universitaria, forma parte de la historia de la Vila. Fundó un equipo de rugby y lo ha hecho campeón de Liga. Se empeñó en que el pueblo tuviera un campo propio de césped para jugar los partidos y ya ha empezado los trámites para la construcción de un segundo. Tiene claras sus metas y lucha para conseguirlas. No sólo con el deporte, también con su profesión y su otra pasión, la arquitectura. Gracias a ella se inició en el rugby cuando dejó su Zaragoza natal para trasladarse a Valencia para estudiar la carrera que siempre había soñado.

Su físico corpulento llamó la atención de sus amigos y le fueron introduciendo poco a poco en el deporte del balón ovalado. No se le daba mal, aunque su modestia le lleva a decir que «era uno del montón». No fue internacional pero sí acudió a más de una preselección. Un segunda línea fuerte, constante y disciplinado. Requisitos básicos para ser alguien en este deporte.

Así se gestó su pasión por el rugby. Adquirió unos valores que ahora traslada a su club, La Vila, con cada vez más adeptos y con máxima ilusión en la 30 edición del Seven que se disputa a finales de mes.

Pero Ignacio no sólo ha practicado rugby. Durante sus años en Zaragoza pasó muchas horas sobre un tatami. Se forjó como un judoca y además de los buenos, llegando a formar parte de la selección nacional juvenil. Un deportista con mayúsculas que cambió de disciplina cuando hizo la maleta para comenzar la carrera de arquitectura. Fueron años de viajes constantes entre Alicante y Valencia.

Del judo al rugby

«Pasé de un deporte muy técnico como el judo a otro que es todo lo contrario. El primer día me soltaron en el campo y me dijeron que lo que tenía que hacer era correr», recuerda Ignacio, que poco a poco fue subiendo escalones con el balón ovalado en sus manos.

«En el colegio mayor de Valencia me ficharon en el equipo universitario, yo hacía bastante deporte, y me gustó el rugby por el ambiente antes y después de los partidos, luego pasé al Abelles, luego al CAU, luego volví a Abelles y posteriormente al Valencia, en su época dorada. Fuimos campeones de España en 1982», señala el presidente del rugby La Vila. «Siempre me gustó el ambiente de equipo, pero donde mejor nos lo pasábamos era en el equipo de la escuela de arquitectura de Valencia», recuerda Ignacio.

Entre idas y venidas entre Valencia y Alicante se topó con un concejal que dio vida a sus proyectos: Pedro Marcet.

«Estaba entrenando en La Vila y se me acercó con una propuesta, de la impartir un curso de iniciación al rugby en el CD La Torreta. El primer curso ya tuvimos 40 chavales, un éxito tremendo», recuerda. «Estuvimos varios meses así hasta que creamos el club, aunque al principio jugábamos en un terreno de tierra muy complicado».

«La Copa Costa Blanca fue el primer torneo en el que participamos. Empezamos a funcionar y ya dejé de ir a Valencia para centrarme en este nuevo proyecto», señala Ignacio, que celebró por todo lo alto el momento en el que el campo comenzó a tener césped.

Las conversaciones con Pedro Marcet siguieron y cada vez iban tomando forma los sueños de Ignacio.

«Organizamos el primer Seven y ya empezamos a hablar de hacer un segundo campo, que fue el que tenemos ahora mismo en el Pantano», afirma. «Con mi título de arquitecto hicimos el proyecto y cuajó. El CSD nos concedía una subvención del cien por cien para construir el campo», rememora Ignacio con alegría. «Se encargó de la contrucción ECISA que luego se convirtió en uno de los patrocinadores del equipo».

A partir de ese momento La Vila no ha dejado de crecer hasta el punto de convertirse en campeón de Liga en el año 2011, aunque el éxito no se le subió a la cabeza como no podía ser de otra forma. La obsesión era otra: la cantera. Captar jugadores, formarlos y verles triunfar es la obsesión de Ignacio. Por sus manos ha pasado César Sempere, un fijo en la selección española y que ahora lucha por clasificarse para Río en la modalidad de rugby 7.

«Nunca me imaginaba ganar una liga con La Vila, pero en el deporte hay que progresar y todavía hay muchas cosas que mejorar para promocionar este deporte por toda la provincia», afirma.

Una de sus constantes luchas es promocionar La Vila por Europa. De hecho, cada vez son más los equipos que eligen esta tierra para realizar sus pretemporadas aprovechando el clima y las facilidades para entrenar sin tener que hacer excesivos kilómetros. «Hay equipos que llegan a pasar en La Vila hasta 4o días seguidos», señala Ignacio, que se ha convertido en un referente en España.

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