ENTREVISTA A JOSÉ ALBERTO VALVERDE. PIONERO DEL JUDO EN ALICANTE
CÉSAR HERNÁNDEZ
José Alberto Valverde (1941), de madre noruega y padre madrileño, dudó entre ser actor o profesor de historia. Finalmente se decantó por el judo, un deporte que introdujo en Alicante en el año 1964 y del que ha hecho una forma de vida. El 2 de enero cumplió 50 años desde que se inició en esta actividad. Ahora es 7º Dan. Numerosas personalidades de la sociedad alicantina han recibido sus lecciones sobre el tatami, entre ellas, el ex alcalde Luis Díaz Alperi.
- ¿Por qué eligió el judo?
Antes hice lucha grecorromana e incluso boxeo, pero lo dejé porque no me gustaba que me tocaran la cara. La lucha cuerpo a cuerpo me gustaba más. Mi padre nos llevó a una granja en Escocia donde se practicaba la lucha escocesa, algo muy parecido al judo. Estaba un día paseando con mi hermano y vimos un cartel que ponía "Escuela de judo". No sabíamos lo que era eso, pero conocimos a gente muy interesante y nos apuntamos. A los tres meses me quedé campeón regional.
- Y decidió trasladarse a Alicante...
Llegué en 1964 con el equipo nacional para una exhibición y me enamoré completamente de la ciudad. Abrí la sección de judo en Montemar, después en el Club de Regatas, Liceo Francés, Maristas, Jesuitas..
- ¿Qué personas conocidas de la sociedad alicantina han pasado por sus manos?
Por ejemplo, Luis Díaz Alperi. Fue un buen alumno mío en el Club de Regatas y además llegó a cinturón negro. También el torero Luis Francisco Esplá o el director del Meliá, Javier Luri, han pasado por mi tatami. No olvidaré tampoco a Raúl Ferrer Guardiola, que fue presidente de la sociedad de mercantiles. Fue una de las personas que más me apoyó y lo consideraba un hermano.
- Y dio sus primeras clases al gran maestro Sergio Cardell...
En el año 64. Fue mi primer alumno y el que más me llamó la atención. Con sólo 9 años era capaz de dar saltos mortales. Después de la clase de niños se quedaba en un rincón de la sala a presenciar la clase de adultos. Era como una esponja. Lo analizaba y aplicaba todo. Tenía una memoria prodigiosa y me lo llevaba a los campeonatos para analizar las nuevas técnicas.
- ¿Le ha marcado?
Sin ninguna duda. Ha sido la persona más importante de mi carrera deportiva y la que más trascendencia ha tenido. Era capaz de sacar petróleo de cualquier cosa.
- Su muerte en accidente fue un duro golpe...
Fue como perder un hijo. Desapareció alguien imprescindible y me cambió todo. No me vi capaz de llevar adelante todos los proyectos que teníamos en torno a Míriam Blasco. Me separé de la competición de alto nivel y me dediqué a desarrollar la idea que tengo del judo como herramienta de educación.
- No olvidará las lágrimas de Míriam Blasco en los Juegos de Barcelona tras ganar el oro...
Por supuesto que no. Fue una mezcla de emoción, alegría y tristeza por no haber podido disfrutar Sergio de esos momentos.
- ¿Con que se queda de estos 50 años?
Con Alicante. Ha cambiado mi vida. Me crié en Euskadi y venir al Mediterráneo fue para mi llenarme de luz. Sin haber perdido mis raices vascas y noruegas, me he adaptado perfectamente.
- ¿Qué le ha aportado el judo?
Felicidad. Entender a la gente, saber lo que hay que hacer para relacionarse. El judo es una herramienta para formar buenos profesionales. Este deporte tiene unas reglas muy estrictas para evitar hacer daño. Además, no se puede practicar solo, necesitas a la otra persona y me parece algo esencial para la educación.