EFE. BARCELONA
Miles de personas desfilaron en silencio por las entrañas del estadio de Cornellà para ofrecer sus condolencias a la familia del capitán del Espanyol, Dani Jarque, fallecido el pasado sábado en Italia y cuyo cadáver fue repatriado en la madrugada de ayer.
La puerta 21 del estadio, convertida ya en un inmenso santuario en memoria de Jarque, un mosaico de colores de numerosos clubes, quedó cerrada al público poco antes de la una de la tarde, cuando los aficionados comenzaron a hacer cola para visitar la capilla ardiente, que permaneció abierta hasta las 18:00 horasa.
Al mismo tiempo que una incesante procesión de coronas de flores entraba en el estadio por la puerta 21, la gente desfila en silencio, compungida e impresionada, por el pasillo habilitado por el club hasta el antepalco presidencial.
Allí flanquearon el féretro de Jarque sus compañeros de equipo y los directivos del club en una escena impactante. Con la mirada perdida, en un extremo silencio, los jugadores del Espanyol acompañan a Jarque junto a una enorme corona con el escudo del club y una foto del futbolista fallecido.
Al otro lado del féretro, protegidos por un biombo, los familiares y amigos de Jarque asistieron con dolor a la incesante procesión de aficionados anónimos que atraviesan la sala en silencio, moderando el paso, santiguándose ante el ataúd del capitán del equipo, sin teléfonos móviles ni cámaras fotográficas a la vista, aún incrédulos ante la muerte de un chico de 26 años que estaba a punto de ser padre.
Representantes de todo el fútbol español acudieron a la ceremonia para expresar sus más sinceras condolencias. Ángel María Villar, presidente de la Federación, calificó a Jarque de "un arquetipo de futbolista".