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HEMEROTECA » |
TONI CABOT unca antes un intento fallido conoció tanto agradecimiento. Puede que sea porque nunca antes se haya dado el caso de que un equipo alcanzara 75 puntos, a falta de una jornada para la conclusión, y se quedara sin premio, o puede porque no se alcance a recordar el nivel de compromiso y complicidad de una plantilla como la que actualmente posee el Hércules. En cualquier caso, no cabe otra cosa que decir "gracias", por encima de la frustración que supone ver el caramelo del ascenso a escasos centímetros de la boca.
Y es que desde muy adentro debió surgir ayer, a la conclusión del partido ante el Albacete, la espontánea manifestación que dejó a miles de aficionados sobre el césped, a las puertas del vestuario y a las puertas del estadio, coreando el nombre del club y de sus futbolistas. No se trataba de celebrar nada puesto que no había nada que celebrar. Se trataba de expresar con ese comportamiento un sentimiento que salía de las entrañas, y que el anuncio oficial de los tres equipos "ascensores" -Zaragoza, Xerez y Tenerife- fue incapaz de apagar.
Definitivamente, el Hércules ha calado entre la gente en la temporada en Segunda División más compleja de la historia, un año capaz de dejar sin premio a un equipo que puede rozar los ochenta puntos el día de la despedida. Y lo ha hecho jugando al fútbol, enamorando, mostrando pundonor y comportándose como un bloque sin fisuras hasta enganchar de nuevo a una ciudad que le reclama para buscar alivio en tiempos duros. Así se ha llegado al final, con la cabeza alta mientras se escuchaba el eco de historias feas que emanaban de clubes convertidos en rivales directos, que han obligado en la recta final a convivir en un escenario desigual, injusto y bochornoso. Pero eso es otra historia. Lo que vale ahora, finiquitadas las lamentaciones, es lo que queda. Y lo que queda es un bloque hecho, al que habrá que pulir ligeramente para mantener o superar el nivel alcanzado. Entra en ese capítulo el acuerdo, necesario, entre Enrique Ortiz y Sergio Fernández, máximo accionista y capitán, que están obligados a acercarse en lugar de distanciarse. Las cabezonería sólo arrastra equivocación. Uno y otro -imprescindibles son ambos- deben sentarse frente a frente, hablar y zanjar el problema. Por ese andamio se debe comenzar a construir lo que ha de quedar perfilado para finales de agosto.
¿Y el Albacete?
El Albacete sirvió como esparring para despedir esta anómala temporada de récords. Ayer, como ocurrió en la primera vuelta, quedó plasmado que el cuadro manchego está muchos escalones por debajo de los alicantinos. Y eso que se adelantó con un gol que llegó precedido de falta. Dio igual, como también no significó nada que el colegiado anulara dos goles -a Rubén Navarro y a Tuni-, el Hércules de este año lleva una marcha distinta, un sello diferente que le ha llevado a marcar cifras elevadas. Rubén Navarro, otro que merece y se ha ganado seguir en este barco, anotó un bol de bandera con un disparo cruzado desde fuera del áera para igualar la contienda y a partir de ahí el baile fue notable. Morán aportó electricidad en ataque y el Albacete, poco a poco, se fue quedando pequeño hasta convertirse en nada.
Farinós fue de nuevo Farinós; Aguilar volvió a ser Aguilar, Tote hizo de Tote y Rubén se salió. Si a ello le sumamos la jeraraquía de Sergio Fernández atrás y el picoteo incesante Morán todo queda perfecto, en su sitio. Así fueron cayendo los goles, uno a uno, anulados o no, para firmar un partido atractivo como despedida en un estadio dispuesto a rendir pleitesía.
Para elevar el grado de complicidad con la grada llegó un penalti, justo, cometido sobre Rubén Navarro. Como no podía ser de otra forma, lo lanzó Farinós. Elegante y fino, el valenciano engañó al portero, marcó y pidió perdón por su error ante el Celta. No hacía falta, el público le dejó claro que nunca le condenó.
Como también volvió a quedar patente el "amor" que el aficionado profesa a Sergio Fernández, que tras solucionar un único error un segundo después de cometerlo salvando desde la misma línea de gol un balón que entraba, escuchó de nuevo la prueba de cariño unánime que le vuelve a aclarar dónde está su casa.
HÉRCULES 4: Calatayud; Expósito, Abraham Paz, Sergio Fernández, Dani Bautista, Abel Aguilar, Farinós, Morán (Fernando Sales, m.69), Tote, Tuni (Sendoa, m.69) y Rubén Navarro (Cámara, m.80).
ALBACETE 1: Cabrero; Pablo Gil, Mainz, Trotta, Kike Tortosa, Xavi Jiménez (Toché, m.83), Kitoko, Alberto, Álex Pérez (Jaime, m.62), Verza y Belencoso (Merino, m.73).
GOLES: 0-1. Min.12: Mainz. 1-1. Min.15: Rubén Navarro. 2-1. Min.37: Morán. 3-1. Min.68: Farinós, de penalti. 4-1. Min.87: Fernando Sales.
ÁRBITRO: Estrada Fernández (Colegio Catalán). Amonestó a Abraham Paz y Tuni, por el Hércules. Expulsó por doble amonestación al visitante Trotta, en el minuto 68.
ESTADIO:Rico Pérez.14.000 espectadores.
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