TONI CABOT
Tal y como estaba montada la operación, el 'no' pronunciado por el consejo de administración del Valencia era tan natural como previsible, lo que ocurre es que el camino es largo y esta historia todavía puede dar muchas vueltas". Así se expresaban ayer fuentes consultadas acerca del inesperado desenlace que frustró la compra de una porción del viejo estadio de Mestalla por parte del empresario alicantino Enrique Ortiz.
El propietario del Hércules creyó que atado el cabo de Bancaja -entidad que tomó la iniciativa y le eligió para negociar la compra- todo quedaba amarrado. Error de cálculo. La dirección de la caja de ahorros no contemplaba desviar al Valencia ni un solo euro de los 70 millones que Ortiz iba a depositar en ventanilla. Al contario, el depósito del alicantino tenía como destino reducir el préstamo concedido al Valencia, que asciende a 260 millones de euros. Es decir, el consejo de administración "che", presidido por Vicente Soriano, se encontró encima de la mesa una operación que debía aprobar pese a que no le reportaba liquidez para afrontar los pagos que debe acometer a corto plazo, sino que únicamente reducía deuda contraída con Bancaja, cuyo vencimiento está fijado en 2011. La decisión del consejo, adoptada por unanimidad, encontró un 'no' rotundo, excusado con la existencia de "alternativas más fiables y convincentes" que la presentada por Ortiz. "No había un solo caramelo para el Valencia, nada. Pues, de perdidos, al río", recordó ayer una fuente cercana al club valencianista.
Y el camino "hacia el río" encontró la acera de la ampliación de capital en 92 millones de euros. Esta nueva medida obtuvo el visto bueno de los dos máximos accionistas, Juan Soler y Vicente Soriano, que en principio podrían ser los más perjudicados y que rechazaron de plano esta posibilidad cuando fue mencionada por Juan Villalonga el año pasado. Del mismo modo, la ampliación de capital anunciada también ha sido interpretada como un intento desesperado de ganar tiempo a la espera de que fructifiquen las negociaciones de Soriano con algún inversor extranjero.
Mientras tanto, también se juega para subsistir hasta junio con la muleta del crédito de 50 millones de euros pedido a una entidad bancaria, ajena a Bancaja, con el aval del contrato firmado hace poco con Mediapro.
Paralelamente, otras razones "colaterales" que ayudaron a cimentar el "no" por parte del consejo -dominado accionarialmente por Soler y Soriano- fueron las condiciones que tenía atadas Ortiz para la compra de la subparcela de Mestalla. Así, Soler se vio perjudicado al conocer que el empresario alicantino se aseguraba el pro indiviso de la parcela del viejo estadio. Es decir, Ortiz adquiría más poder al asegurarse capacidad para paralizar cualquier acción sobre el inmueble a cualquiera de los copropietarios del mismo.
Con todo, el camino, como comentaba una de las fuentes consultadas, "todavía es largo". De ahí que ni el propio Ortiz descarte que vuelvan a llamarle para sentarse, de nuevo, en la mesa de negociaciones.