TONI CABOT
La eterna historia de Goliat cayendo abatido por la certera onda de David se reprodujo ayer en el Rico Pérez. El guión del derbi alicantino se acopló al relato bíblico, dejando sobre el campo, tendido y sin consciencia, a un Hércules aturdido, incapaz de reconocerse a sí mismo. Cosas del fútbol, ciencia inexacta que cobra grandeza destrozando pronósticos, rompiendo moldes y haciendo añicos presagios de prudentes visionarios. Fue el Alicante, sí, el equipo que hasta ayer sólo había ganado un partido de 18 disputados, la entidad que ha devorado entrenadores hasta decir basta, el club que llegó a colocar la inestabilidad por bandera, el conjunto que llegaba al derbi con la mortaja preparada y otras cosas más para añadir a la lista que le perfilaba como presa fácil, el que se llevó el gato al agua tras ganar un enemigo convertido en nadie. Y es que el Hércules, ayer, fue eso: nadie. Sólo un bloque temeroso, nublado, incapaz de coordinar con adecuada lucidez lo que debía y estaba obligado a proponer.
Frente a ello encontró un discurso preparado y lógico para la ocasión. Una defensa bien poblada (cinco hombres atrás), líneas juntas, mucha concentración y buena dosis de trabajo en un centro del campo que se convirtió en un espacio abandonado por quien estaba obligado, por alcurnia, a ocupar.
Granero colocó todos esos detalles en su partitura y en esta ocasión la música sonó como quería el compositor. Supo leer el técnico valenciano el choque, aplicó el guión cabal y, además, encontró más facilidades de las que podía imaginar por parte de su rival.
Sin garbo y extrañamente temeroso, el Hércules se fue perdiendo en torpezas hasta encajar el primer gol al filo del descanso, cuando Azkoitia cabeceaba a la red un centro de Pedro ante una descolocada defensa local.
Es cierto que mucho antes el equipo de Mandiá volvió a verse perjudicado al ver anulado un gol que debió subir en el marcador dado que Sendoa no estaba fuera de juego, pero la imagen dada y los minutos desperdiciados jugando a nada no dan pie a girar la vista en busca de lamentaciones.
La historia de lo que pudo ser y no fue se desmorona también con la reacción del Alicante tras encajar el empate. En un sólo minuto, el cuadro de Granero se deshizo del tópico que le designa como un equipo frágil, que se deshace al encajar el primer golpe. Y así, del empate de Abel Aguilar (minuto 54) al 1-2 de Catalá sólo tuvieron que pasar unos segundos. Los suficientes para dejar en evidencia que algo está pasando en la defensa herculana, imbuida en una extraña metamorfosis, transformada hasta lo irreconocible.
Lesión y cambios
La lesión de Ruz trastocó los planes de Mandiá. El cambio del lateral derecho -entró Expósito para cubrir la vacante del lesionado- arrojó al vacío una baza y, poco después, la decisión de colocar a Taborda junto a Delibasic no ofreció absolutamente nada.
Con Tote tapado por Torrecilla y Azkoitia, el Hércules se quedó sin faro, y la baza de las dos torres -Taborda y Delibasic- no encontró un solo centro en condiciones para cambiar la dinámica porque también las bandas dieron ayer un recital de imprecisiones.
Poco después, era Tuni el elegido para cubrir el espacio de Sendoa, lo que impidió que el deseado Morán se quedara sin posibilidad de saltar al campo.
Entretanto, el Alicante mantuvo su lugar, se dedicó a poner presencia y a no descomponerse. Y en esas, estuvo realmente cerca de anotar el 1-3 por medio de Ismael y, en especial, con un disparo de Fernando Béjar que se estrelló en la madera tras rechazarlo el meta Calatayud en primera instancia.
El Alicante había congelado al Hércules, que vagaba anulado tratando de dar verticalidad a sus acciones. Ni la sombra de lo que se vio en Vigo ante el Celta, nada de nada.
Perdido entre tinieblas, el equipo local escuchó los primeros silbidos de la temporada por parte de sus aficionados y encajó la segunda derrota consecutiva contra un Alicante que rompió una racha de trece jornadas sin ganar, con toda justicia, en el momento menos esperado.
Ese balón de oxígeno llega para los celestes como auténtica agua de mayo. La victoria de ayer no es cualquier victoria: es la deseada, la más valiosa, por su significado, para agarrarse a un argumento que le haga creer en sus propias posibilidades. Si va a ser cuestión de fe, la gran alegría ha aparecido en el templo soñado.
Por contra, la derrota obliga al Hércules a la meditación. Los errores defensivos se vienen repitiendo con demasiada asiduidad en las últimas jornadas y hay lagunas en las bandas cada vez más alarmantes. Pero sobre todo, ahora llega el momento de comprobar la capacidad de recuperación ante el golpe más duro de los encajados este año.
HÉRCULES 1: Calatayud, Ruz (Expósito, m.43), Sergio Fernández, César, Bautista, Farinós, Abel Aguilar, Raúl (Taborda, m.57), Tote, Sendoa (Tuni, m.66) y Delibasic.
ALICANTE 2: Unanua, David Malo, Castells, Ricardo Cavas, Catalá (Tito, m.90), Ismael, Germán, Torrecilla, Fernando (Luis Gil, m.80), Azkoitia y Pedro (Capi, m.86).
GOLES: 0-1, m.44: Azkoitia. 1-1, m.54: Abel Aguilar. 1-2, m.56: Catalá.
ÁRBITRO: González González (Colegio Castellano Leonés). Amonestó a Delibasic y Tuni por el Hércules y a Germán, Catalá, Torrecilla, Unanua y Pedro por el Alicante.
ESTADIO: Rico Pérez, 9.000 personas.