T. CABOT. ZARAGOZA
El Zaragoza bailó ayer al Alicante, demostrando sobre el terreno de juego la enorme distancia que separa a un equipo de otro. El nudo dispuesto por Manolo Jiménez sobre el terreno de juego, colocando un 4-5-1 para frenar al gigante aragónes, apenas resistió un cuarto de hora. La calidad de futbolistas de la clase de Ewerthon y Oliveira, secundados por Jorge López, Gabi y Caffa, puso las cosas en su sitio a las primeras de cambio.
Cuando una máquina como la que dispone el Zaragoza decide carburar, pocos hay en esta categoría con capacidad para frenarla. El dispositivo defensivo del Alicante quedó resquebrajado a base de tiralíneas, entradas por detrás y centros por la banda, hasta romper cualquier intención de defensa adelantada en la desesperada búsqueda del fuera de juego salvador.
Primero fue Oliveira -es una herejía que este jugador milite en Segunda División- quien remató sin oposición para anotar el 1-0 tras el primer grave error defensivo del cuadro alicantinista, que dejó al brasileño entrar desde atrás sin oposición alguna. A esa acción le siguió una excepcional jugada iniciada por Gabi y rubricada con una triungulación entre Ewerthon y Oliveira que éste último mandó fuera. El mismo Oliveira, diez minutos más tarde, se recreó superando a Unanua y su posterior lanzamiento se estrelló en el pecho de Ricardo Cavas cuando iba a la red.
Quien ya no perdonó fue Ewerthon, que con la rodilla elevó un balón por encima de Unanua tras un centro desde la derecha de su compañero Oliveira.
La desigual batalla amenazaba con goleada escandalosa. Si Oliveira y Ewerthon caminaban sobrados, Jorge López decidió unirse a la fiesta ante el disfrute de la parroquia. Suyo fue el tercero tras otra preciosa combinación de los delanteros estrella del conjunto maño dejando más que sentenciada la contienda. Poco podía hacer el Alicante ante el coloso, que llegaba y llegaba como y cuando quería. Afortunadamente para los celestes, el tercer gol sirvió de bálsamo para la insaciable sed que hasta ese momento había mostrado el Zaragoza. El encuentro entró en una fase más relajada, lo que aprovechó el Alicante para desperezarse.
La ligera mejoría celeste coincidió con la entrada en el campo de Pedro. El joven canterano, que ayer se cayó de la titularidad, reivindicó que tiene sitio. De sus botas y de su pelea salieron las únicas jugadas dignas de mención por parte visitante y, a la postre, fue el que provocó el penalti que el colegiado señaló a favor del equipo de Jiménez en la recta final del encuentro y con todo decidido.
La acción, que podía maquillar un resultado que se antojaba corto para el Zaragoza, acabó en nada dado que López Vallejo acertó la intención de Tito.