REDACCIÓN/J. A. G.
Willy Caballero cumplirá el sábado ante el Xerez su partido número cien de Liga defendiendo la portería del Elche. Ya han pasado cinco temporadas desde que debutara como franjiverde un 3 de marzo de 2005, en El Molinón, ante el Sporting de Gijón. "Ojalá juegue de titular para cumplir esos cien partidos, significaría un paso importante en mi carrera, que he mantenido el puesto durante varias temporadas. Me llena de orgullo porque consolidarme como portero y jugar muchos partidos es una de las metas que me planteé cuando llegué al Elche".
Caballero ha sido campeón del Mundo sub-20 y medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas, campeón de la Copa Intercontinental y de la Copa Libertadores con Boca Juniors, además de debutar con la selección absoluta albiceleste. A pesar de ello, para el portero su mayor trofeo es su gente. "La familia es lo que te ayuda a no creerte más de lo que eres. Cuando las cosas no van bien son los primeros que están al pie del cañón para ayudar y levantar el ánimo", declara el meta que es un enamorado de su mujer Lucía y de su hija Guille.
Precisamente, la enfermedad de su hija Guille le hizo pasar unos duros momentos. En la temporada 2005-06 se tuvo que trasladar a Argentina para que Guille pudiese recibir el tratamiento necesario. La que iba a ser su segunda campaña en el Elche la pasó cedido en el Arsenal de Sarandí. Al día de hoy, Guille, que tiene seis años, ya ha superado sus problemas de salud, está muy feliz en Elche y es la fan número uno de su padre. "Le gusta el fútbol, sufre mucho y hasta llora cuando nos marcan un gol".
El portero argentino sólo piensa en seguir con la racha positiva de su equipo el sábado en Jerez y le resta importancia al récord de imbatibilidad que se truncó ante el Salamanca. "Quizás es mejor que nos hayan marcado el gol para no estar pendiente del récord, porque a lo mejor te hacía llegar al partido con más cuidado de que no te marquen y desempeñarte mal en lo futbolístico", afirma.