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VÍCTOR M. VICTORIA. ENVIADO ESPECIAL A MADRID Un punto, pero bien pudieron ser tres. El Alicante se desquitó ayer de sus temores y cuajó una notable actuación en Vallecas, pero su falta de acierto de cara a gol le privó de conseguir una victoria merecida a todas luces. Los celestes, con una loable labor de equipo, inaudita hasta la fecha, acabaron por desquiciar al Rayo Vallecano, que sólo inquietó a Jesús Unanua en los últimos minutos de la primera mitad.
Los pupilos de Nino Lema ofrecieron una imagen que dista mucho de sus últimas versiones. Eso sí, sin grandes alardes de fútbol, aunque la situación tampoco es propicia para ello. Aún así, el compromiso, sacrificio y, sobre todo, la sobriedad mostrada en cada una de las líneas invitan al optimismo.
Más si cabe, con la extensa ristra de ausencias con que afrontó el equipo la cita. Lema apostó por los jugadores de experiencia y éstos respondieron sobre el césped. Ismael, Torrecilla, Rubiales o Peragón ofrecieron el nivel que se espera de ellos. Y algunos, como Azkoitia, se pudieron desenvolver con acierto en su posición natural por fin.
El empate es malo según la clasificación, pero bueno para ganar en confianza, más si cabe después de que el equipo mantuviera, por fin, la portería a cero. Nino Lema puede haber cerrado la sangría de goles con una pareja de centrales ?-Castells y Cavas- inédita hasta la fecha.
El primer acto estuvo marcado por el equilibro de fuerzas. El Alicante, bien plantado sobre el tapete, se dedicó a contener las acometidas rayistas, menos fluidas que de costumbre. Sin las grietas de citas anteriores, los celestes mostraron firmeza y contundencia en todas sus líneas, aunque nunca inquietaron la meta de Cobeño. Sólo Francisco, al inicio de la cita, probó fortuna desde lejos. Durante el resto de la primera mitad, poco más.
Los rayistas tampoco fueron capaces de generar peligro durante cuarenta minutos. Sin embargo, en los últimos cinco acumularon dos ocasiones claras. Primero Aganzo, tras un control de libro, intentó sin éxito sorprender a Unanua desde una distancia lejana. Un minuto más tardo, fue Pachón quien se plantó sólo delante del guardameta navarro, pero su remate topó con la acertada estirada del cancerbero. Fueron los únicos compases de debilidad celeste, un espejismo que nunca llegó a cristalizar.
Tras el descanso y unos primeros minutos de más equilibrio, el Alicante adelantó líneas. Contra pronóstico, se lanzó a por el partido, creyendo en sus posibilidades. Ismael, al igual que ante el Córdoba, tiró del carro y propició la mejor ocasión para los visitantes. Curiosa situación la que vive el granadino. Pese a la controversia que genera en la afición celeste, pasa por ser el jugador más desequilibrante. Sus arrancadas son la fuente del peligro del Alicante, y ayer, tras una de ellas, sirvió en bandeja un balón a Rubiales, cuyo centro cayó a pies de Francisco. El remate del andaluz, franco, no encontró portería.
El Rayo trató de contrarrestar la osadía celeste a balón parado, una de las pocas facetas en las que se mostró superior, pero el remate de Pachón al fondo de la red fue anulado por el vasco Gareazábal Gómez, muy protestado por la afición rayista. El amago de reacción local no intimidó al Alicante, que siguió a lo suyo y acrecentó incluso su dominio y la desesperación del rival.
Peragón, tan silbado ayer como efectivo, engatilló una balón servido por Francisco, pero el disparo lo despejó Cobeño a córner. Mel movió el banquillo y recurrió a Piti y Collantes para dar nuevos bríos, pero ni por esas el Rayo inquietó a Unanua. Por contra, Lema apostó por el canterano Pedro y la apuesta no le resultó en balde. El joven jugador, lejos de amilanarse, se ganó el respeto de Amaya y Salva en cuestión de minutos y acaparó buena parte del peligro ofensivo celeste. Y pudo, incluso, hacer caer los tres puntos del lado alicantinista, pero el colegiado, pese a lo dudoso de la acción, decretó fuera de juego y arrebató la gloria al delantero en su debut.
Y en el último suspiro, con la afición rayista pidiendo la hora, Azkoitia tuvo la victoria en su cabeza. Ismael, de nuevo, dejó sentado a su par y sirvió un balón franco para el vasco, pero el testarazo de éste salió rozando el larguero y culminó un partido que deja motivos para la esperanza.
RAYO VALLECANO 0: Cobeño; Carlos, Amaya, Salva, Llorens; Albiol (Manolo, min. 78), Enguix, Diame, Michel (Collantes, min. 61); Pachón (Piti, min. 53) y Aganzo.
ALICANTE 0: Unanua; Blanco, Castell, Ricardo Cavas, Rubiales; Ismael, Azkoitia, Torrecilla, Catalá, Francisco (Pedro, m.75) y Peragón.
ÁRBITRO: Gareazábal Gómez (colegio vasco). Amonestó a Albiol, Llorens, Aganzo y Enguix por parte del conjunto local y a Torrecilla, Peragón y Pedro por parte del equipo visitante.
ESTADIO: Teresa Rivero, ante 11.000 espectadores.
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