TONI CABOT. ENVIADO ESPECIAL A MAR DEL PLATA
Si bajo la denominación de «Maracanazo» ha acabado pasando a la historia el rotundo fracaso cosechado por Brasil en 1950 al perder el Mundial que organizaba, España podrá presumir, a partir de ahora y como lo hizo Uruguay desde aquel partido en el mítico Maracaná, de salir como sonriente protagonista de un envite al que también llegaba como convidado de piedra. El «Marplatazo» acabó consumado ayer, en la bella ciudad argentina, de la mano de Fernando Verdasco, convertido en el último héroe de la eliminatoria final al vencer a José Acasuso, otro «humilde» llamado a la primera línea de batalla por sorpresa.
En un enfrentamiento igualado, con altibajos y más tensión que calidad, se llegó al quinto set. Eran las 15.35 en Mar del Plata, tres horas y 25 minutos después de haberse iniciado el partido, y Verdasco afrontaba el quinto y definitivo set ante José Acasuso. El argentino, más desgastado físicamente que el español -necesitó minutos antes un masaje abdominal- vio caer del lado de su adversario cuatro juegos consecutivos. La suerte estaba decidida. El grito de «Chucho, ponga huevos», lanzado desde la grada y que acompañó casi todo el enfrentamiento, comenzaba a apagarse. Así, en el séptimo juego, llegaba el golpe final que acabó con Verdasco tumbado en el suelo sintético, cubriéndose la cara para festejar la mayor alegría de su carrera deportiva, amarrando un triunfo en cuatro sets (6-3, 6-7 (3), 4-6, 6-3 y 6-1).
Antes de ello madrileño, tal y como hizo el día anterior en el dobles, se vio obligado a sobreponerse al clima hostil que despedía el graderío del pabellón Islas Malvinas. Si el sábado, diez mil gargantas le eligieron como objetivo poniendo notas musicales al grito de «cagón», ayer cambiaron de estrategia para hincar el diente en el lado afectivo y dañarle mentalmente con un «Ivanovic te engaña», en referencia a su novia, la jugadora serbia.
Y ni lo consiguieron el sábado ni lo lograron ayer. Pese a perder en el segundo y tercer set, Verdasco mostró fortaleza mental en las dos últimas mangas y, sobre todo, un poderío físico espectacular en el tramo final.
Argentina soñaba con ese punto, el que otorgaba el pasaporte para que Nalbandian se jugara la Ensaladera, acto seguido, con Feliciano. Ese hipotético quinto partido era visto como tabla salvadora para rescatar el honor de un equipo que ahora queda hundido. «Si llegamos al quinto partido, le damos vuelta», comentaban los aficionados argentinos, convencidos de que Nalbandian no daría opción a López si le llegaba la oportunidad. El rubio argentino, sin embargo, no tuvo ocasión -Verdasco lo impidió- y queda en el ojo del huracán tras esta final. Son muchos los que le responsabilizan del mal ambiente que se vive en el seno del equipo argentino, al eregirse en el capitán auténtico, por encima de Mancini, para tomar decisiones. Ayer, los integrantes del equipo argentino negaron que hubiera una pelea entre Nalbandian y Calleri en el vestuario tras el partido de dobles, pero lo que no se puede esconder es que el grupo no está, ni mucho menos, unido.
Sea como fuere, la victoria de España se debe, por encima de todo, a la actitud de unos jugadores que llegaron a Argentina como corderitos al matadero y que una semana más tarde partirán desde el aeropuerto de Ezeiza rumbo a Barajas como auténticos héroes al conseguir la tercera Ensaladera de la historia.
«Sin duda es la victoria más importante de mi vida, ganar la Copa Davis es como ganar un Grand Slam para mi, aquí están los mejores jugadores y es un sueño hecho realidad, un sueño desde niño y que pocos tienen la posibilidad de ganarla y pocos la aprovechan», dijo Fernando Verdasco.
«Era el partido más importante de mi vida el día más grande de mi existencia y siempre lo recordaré», agregó.
Sin Rafael Nadal en el equipo, rompiendo los pronósticos que daban a Argentina como favorita después de 13 eliminatorias invicta en casa y diez años de ser grande, España se hizo con el título después de los logrados en 2000 contra Australia en Barcelona y en 2004 en Sevilla contra Estados Unidos.
Desde que Croacia ganó el título en 2005 en Bratislava a Eslovaquia por 3-2, nadie había osado vencer como visitante. España lo ha logrado con una formación nueva en la que Feliciano López es el único superviviente del equipo que disputó y perdió la ensaladera contra Australia en la final de Melbourne en 2003. El zurdo madrileño Fernando Verdasco, 16 del mundo, fue el elegido por Emilio Sánchez para sustituir al alicantino David Ferrer en un partido de vital trascendencia. Y no defraudó.
Al final, España salió con vida, victoriosa y con los calzones intactos, esos que, alegremente y antes de hora, Juan Martín del Potro anunció que serían «sacados del orto» de Nadal en la gran final.
Esa fue, también, la otra gran lección que, por enésima vez, da el deporte de alta competición. Y es que siempre resulta peligroso vender la piel del oso antes de cazarlo. Argentina, desde ayer, lo sabe bien. Para disfrute de España.