A. FERNÁNDEZ
Alicante estará representada en el Mundial de fútbol sala para deficientes visuales que se celebrará en Buenos Aires del 15 al 23 de noviembre. Alejandro Hervás, con una minusvalía del 56%, defenderá la elástica de la "roja" con un único objetivo: colgarse una medalla. A priori, el oro parece reservado para los bielorrusos, auténticos dominadores de la especialidad durante los últimos años. La pelea de los españoles estará, por tanto, en la plata o el bronce. "A priori las medallas nos las jugaremos con Rusia, Ucrania, Irlanda, Inglaterra y Brasil. Bielorrusia está un peldaño por encima y después estamos un grupo de seis equipos con una calidad similar", explica.
A sus 31 años, Alejandro ve como un sueño representar a su país en una cita del calibre de la Copa del Mundo. Experiencia no le falta. Hambre de triunfos, tampoco. De hecho, ya ha sido capaz de proclamarse mejor jugador de España en 2001 y máximo goleador del Europeo disputado en Francia. Pero aún quiere más. "Ya llevo ocho años en la selección y este es el tercer Mundial en el que voy a participar. Confío en que todo marche como esperamos para volver a Alicante con los deberes cumplidos", señala.
Alejandro se encuentra estos días en Barcelona ejercitándose junto al resto del combinado nacional. La gran cita está ya a la vuelta de la esquina y los nervios comienzan a aflorar, según reconoce. Sin embargo, es optimista porque llega en buena forma. Alejandro compite habitualmente con el equipo de la ONCE de Alicante y además entrena los sábados con equipos de personas de plenas facultades visuales. "Nos hemos apuntado a una liga local de fútbol sala para ir perfeccionando la técnica", explica. Pese a su problema, Alejandro sí que ve. Le cuesta distinguir el balón, pero al fin y al cabo ve. Y eso, según dice, es una ventaja. Porque en el Mundial van a participar dos tipos de deportistas. Unos con una minusvalía menor, como Alejandro, y otros con una mayor.
El origen del problema
Su deficiencia comenzó a aflorar cuando tenía 18 años. Hasta entonces veía sin problemas y practicaba el fútbol sala como uno más. Pero de repente, todo cambió. Un día dejó de ver con nitidez y se sometió a pruebas médicas para determinar el alcance de su dolencia. Los oftalmólogos le diagnosticaron una pérdida en la vista del 56%. Sin embargo, Alejandro no se rindió. Comenzó a trabajar en la ONCE -actualmente vende sus cupones en la calle San Vicente- y decidió seguir jugando al fútbol sala. Primero con el equipo local de la ONCE y más tarde con la selección. Ahora, en apenas una semana, comenzará un nuevo reto. Buenos Aires le espera.