TONI CABOT
Engrasada, bien preparada, ordenada y... atrevida. Todo esto sirve para trazar el perfil de una máquina manejada por Juan Carlos Mandiá, empeñada en ofrecer argumentos que invitan al optimismo y se aparejan con el espectáculo. Eso fue, precisamente, lo que se
vio ayer en el Rico Pérez, un espectáculo inmenso entre dos equipos dispuestos a jugar al fútbol aportando esfuerzo y sacrificio en toda su dimensión. Noventa minutos de ardor que acabaron decantándose del lado del Hércules, merced al primoroso inicio del segundo tiempo, con dos goles casi consecutivos que inclinaron una balanza que pedía equilibrio.
Afortunadamente, esa igualdad no fue reflejada en el marcador gracias a la labor de Calatayud, que detuvo un penalti a Oliveira con 2-1 en el electrónico en la recta final. Pero, amén de acciones puntuales, el equipo alicantino había puesto hasta ese momento todo de su parte para buscar el triunfo frente al mejor equipo que tiene la Segunda División de España.
Así lo dejó claro el Zaragoza en los compases inciales del encuentro, y así lo volvió a reflejar cuando el fabuloso gol de Gabi, que aminoraba distancias, le introdujo de nuevo en el encuentro. Mientras tanto, la historia también encontró como protagonistas a los de blanco y azul, que comenzaron tímidos ante el toque celestial de los "dioses" de la categoría de plata, y acabaron plantándose ante sus narices para hacerles correr como hacía tiempo que no debían correr.
(Esta última afirmación queda acreditada con el estado físico que presentaban al final Herrero y Pavón que, acalambrados, apenas podían mantenerse en pie).
Enumerábamos, al inicio de esta crónica, una serie de adjetivos descriptivos de lo que transmite el nuevo Hércules de Mandiá. El último hablaba de atrevimiento. Llega el término al caso, al comprobar en el once inicial la presencia del canterano Raúl, el joven de 17 años que ya debutara en Copa ante el Levante. El hecho de que ayer se le asignara un papel protagonista en la gran pantalla -ojo, recordar y subrayar: el rival era el Zaragoza- aumenta la credibilidad de un entrenador que ha acabado por emparejar acierto y audacia. Pues, decía, se la jugó Mandiá por la banda derecha con Raulito... y Raulito, tal y como le demostró en Copa del Rey, le devolvió la confianza y la apuesta con desparpajo y trabajo. También es cierto, como apuntaba el propio entrenador, que los "muñecos" que rodean al chaval en el campo acaban poniendo alas a todo bicho viviente.
Y es que desde atrás hasta la punta, la máquina viene funcionando como un reloj suizo. Desde el portero -que ayer disipó dudas a quien las tuviera- pasando por la pareja de centrales -inconmensurables-, al doble pivote o a los componentes de la parte con vocación ofensiva, las sensaciones que se reciben son más que buenas. Ver a Farinós por todos los lados reconforta tanto como ver al colombiano Aguilar repartiendo las cartas. Observar a Tote manejando el balón -o metiendo goles como el de ayer- encandila, y, para colmo, se encuentra cierta divinidad siguiendo a Sendoa reconvertido en "9".
Atrevimiento. El término lanzado por Mandiá ha calado en un equipo que, por encima de todo, jamás se descompone. Ayer no lo hizo, pese a que los primeros compases apuntaban hacia una jota aragonesa con los alicantinos como espectadores. Al final, pasó el agobio, se templaron las gaitas herculanas y el Zaragoza perdió el compás para el baile fácil.
Una vez se pasó por vestuarios, el panorama cambió completamente. Apenas habían pasado siete minutos de juego y el Hércules ya ganaba por 2-0.
Primero fue Tote el que convirtió en oro un balón que caía del cielo para batir a López Vallejo y después fue Abraham Paz el que anotó el segundo gol en tras un mal despeje de la zaga rival.
El Zaragoza quedaba rendido, hasta que una acción a balón parado le metió de nuevo en el encuentro. Un córner botado al vértice del área opuesta encontró un espectacular remate de Gabi, sin dejar caer el balón al suelo. Fue entonces cuando el Zaragoza pareció despertar. Primero con un cabezazo de Arizmendi que atrapó Calatayud; y luego con un tiro de Zapater al palo. Ahí llegaron los agobios, fruto del lógico empuje del rival que va perdiendo. Pero la gran oportunidad de los aragoneses para empatar fue un penalti que el árbitro pitó de Tuni sobre Oliveira. El propio ariete brasileño se encargó de tirarlo, pero se encontró con Calatayud.
Ahí acabó todo. El Hércules se multiplicó, ayudado por un público cada vez más numeroso que no tiene intención de fallar a cada cita de su equipo.
HÉRCULES 2: Calatayud; Ruz, Abraham Paz, Sergio Fernández, Dani Bautista, Raúl (Rubén Navarro, m.70), Farinós, Abel Aguilar, Tuni (Morán, m.79), Sendoa y Tote (Rodri, m.88).
ZARAGOZA 1: López Vallejo; Chus Herrero, Pulido (Paredes, m.54), Pavón, Pignol, Arizmendi, Hidalgo (Zapater, m.60), Gabi, Jorge López, Ewerthon (Braulio, m.46), Oliveira.
GOLES: 1-0, m.48: Tote. 2-0, m.52: Abraham Paz. 2-1, m.62: Gabi.
ÁRBITRO: Hevia Obras (Colegio Madrileño). Amonestó a Raúl, Sergio Fernández, por el Hércules; y a Oliveira, Pulido y Pignol, por el Zaragoza.
ESTADIO: Rico Pérez. 12.000 personas.