V. M. VICTORIA
Luis Gil volvió a saborear el trago amargo de una expulsión el pasado sábado en Tarragona. Una decisión, según sus palabras, "totalmente injusta" y que "lamentablemente" dejó al Alicante en inferioridad ante un Nástic que logró poco después el gol del empate (1-1). "Estoy fastidiado -confesó- por mí y, sobre todo, por el equipo, porque la tarjeta roja es totalmente excesiva".
En cuestión de tres minutos, el le mostró dos cartulinas amarillas que le obligaron a enfilar el túnel de vestuarios. Influenciado "por la presión del público", a su juicio "la primera tarjeta es totalmente injusta y, aunque es cierto que la segunda pude haberla evitado, nunca debí ser expulsado".
Gil pidió "más respeto" a los arbitrajes para el Alicante por su condición de recién ascendido, si bien considera que la tónica no tiene atisbos de variar. "Ahora es fácil pitarle en contra al equipo, así que me temo que nos lo tendremos que ganar en el campo", afirmo el jugador.
El interior zurdo reconoce que el salto de categoría ha perjudicado a los intereses del equipo en materia arbitral, pues "antes éramos más respetados que ahora". Sea como fuere, "sólo nos queda trabajar en el campo para conseguir nuestro objetivo de la permanencia".
En el capítulo personal, admite que la expulsión corta de raiz su buenas sensaciones en el arranque liguero, del que había sido uno de los jugadores celestes más destacados. "Es una pena, porque me estaba encontrando muy bien en el inicio de temporada y ahora tendré que estar un partido sin jugar".
El valenciano, por último, descartó pedir al club que recurra la expulsión. "Jamás pediría algo así, por respeto a mis compañeros". Los técnicos visionarán hoy las imágenes de las tarjetas y decidirán al respecto.