J. A. SOLER
Si hay un equipo que no desea ver ni en pintura el estadio Rico Pérez es la Real Sociedad. Y si hay un entrenador que tiene malos recuerdos del estadio alicantino es Juan Manuel Lillo, actual técnico del conjunto donostiarra. No es para menos. Una doble maldición pesa sobre el equipo "txuri-urdin" y su preparador en el coliseo blanquiazul pues ambos no conocen la victoria en tierras alicantinas.
Las 18 visitas ligueras de la Real Sociedad a Alicante se han saldado con 11 derrotas y 7 empates. Estos registros no han pasado desapercibidos en San Sebastiaán en donde ven el Rico Pérez como un campo maldito desde hace años. Ni siquiera en la etapa dorada del equipo vasco a principios de los años 80, cuando conquistó dos Ligas consecutivas, pudo romper el gafe que le persigue en el estadio alicantino. Bixio Górriz, defensa de aquel equipo en el que destacaban Arconada, Alonso, Zamora, Idígoras, Satrústegui o López Ufarte, ha recordado esta semana en el diario Noticias de Gipuzkoa las dificultades que se encontraba la Real Sociedad cuando llegaba al Rico Pérez. "En los 15 años que he estado, lo máximo que he sacado en Alicante han sido empates y, además, nunca marcamos un gol. Tengo un recuerdo fatal de ese campo. No sé muy bien por qué. En aquella época no regaban nunca el campo durante la semana. Así como nosotros regábamos el viejo Atocha demasiado, ellos -el Hércules- lo tenían durísimo y seco", decía Górriz sobre sus experiencias en el recinto herculano. Y es que aquel impresionante equipo realista dirigido por Alberto Omaetxea, que pocos años después llegó a entrenar al Hércules, perdió por 2-0 en las dos temporadas que ganó la Liga, 80-81 y 81-82.
Juan Manuel Lillo, actual entrenador de la Real Sociedad, tampoco tiene muy buenos recuerdos del Rico Pérez. El técnico vasco ha salido escaldado en sus visitas al coliseo alicantino tanto en su etapa como entrenador del Salamanca como en la del Oviedo. "Teníamos el partido ganado, pero ha sido increíble como el público ha lanzado al Hércules. Me he quedado asustado con esta afición. Empezaron a cantar en el fondo norte, después todo el estadio y creo que todavía están cantando", decía Lillo tras un Hércules-Oviedo (1-1).