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FERNANDO CASTÁN. PEKÍN El número de récords mundiales que ha sido batido en la piscina olímpica del "Cubo de agua" de Pekín 2008 lleva a la gente a preguntarse el porqué de estas 25 nuevas marcas, el porqué de tantas. Nadadores, entrenadores y técnicos no se ponen de acuerdo en la explicación, aunque coinciden básicamente en dos factores: el bañador y la piscina, muy buena y muy rápida.
En el mundo de la natación cuando se le pregunta a un competidor qué tal la piscina entiende que le preguntas si es rápida o no. Para las personas ajenas a este deporte todas las piscinas son iguales, según lo que midan, pero todo influye, las corcheras, por ejemplo, tienen la función de amortiguar el oleaje que provocan los nadadores, la profundidad también influye, incluso el hecho de que estén al aire libre o no en marcas que se deciden por una centésima.
El propio director técnico de la Federación Española de Natación, Maurizio Coconi, manifesta que en el "Cubo de agua" de Pekín: "la piscina es buena, muy buena". En esto han coincidido todos.
El hecho de que el año olímpico comenzara con el estreno de una nueva generación de bañadores que emplean nuevos tejidos y diseños y con una inusual serie de récords hizo que enseguida se vinculara una cosa con la otra.
De entrada, el australiano Sullivan se cargaba el récord de los 50 metros libre del ruso Popov, vigente desde el año 2000. No solo lo bajaba el oceánico, sino que en lo que va de año se ha visto superado ocho veces. Ya en Pekín, la británica Adlington batía el récord del mundo más antiguo del cuadro, el de los 800 metros libre de la estadounidense Janet Evans, vigente desde los Mundiales de Tokio en 1989, año en el que, precisamente, nació la nadadora inglesa. No solo se han batido 25 marcas, sino que en muchos casos se ha hecho por un margen increíble, como en el relevo 4x100 libre, final en la que el equipo estadounidense lo rebajó en 3.99, casi cuatro segundos.
La nadadora española de origen ruso Nina Zhivanevskaya apuntaba otra variable que se ha producido en los Juegos Olímpicos de Pekín: el cambio de horario de las finales. Zhivanevskaya explicó que el hecho de que las finales fueran por la mañana y las series eliminatorias por la tarde llevaba a que en estas últimas se nadara a tope porque su cuerpo está habituado a dar el máximo a esas horas. Daban el máximo por la tarde y lo volvían a dar a la mañana siguiente porque la excitación y la concentración de competir a tope no se les pasaba. La incertidumbre de cómo estaban sus rivales ya hacía que a la primera fueras lo más rápido posible. La natación es un deporte de sensaciones.
Y por último son unos Juegos Olímpicos. Estas palabras hipermotivan a los competidores, los métodos de entrenamiento, las concentraciones todo se lleva con el máximo rigor el año olímpico y, por lo tanto, da resultado: unos años más y otros menos.
En Atenas, hace cuatro años, solo se batieron ocho récords, mientas que en Pekín han sido 25, en una de las competiciones olímpicas con más marcas mundiales rebajadas.
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