ALEJANDRO FERNÁNDEZ
Un tatami de oro para una yudoca de oro. Míriam Blasco, campeona olímpica en los Juegos de Barcelona'92, cuenta los días para cumplir su próximo sueño. Tras su brillante etapa como profesional, en la que consiguió todos los logros a los que un deportista de elite puede aspirar, esta vallisoletana de origen pero alicantina de adopción centró sus esfuerzos en enseñar. En darle a los jóvenes esas nociones técnicas para labrarse un futuro en el mundo del yudo.
Hasta ahora, Míriam y su equipo técnico han desarrollado esa labor en su gimnasio de la calle San Mateo, en el corazón del barrio del Pla. Pero el tiempo ha ido pasando y esas cuatro paredes se han quedado pequeñas. El club ha rebasado ya las 200 licencias y las instalaciones no daban para más. Por eso, Míriam se propuso encontrar una alternativa. Barajó opciones y al final se decantó por el complejo deportivo Arena, que se está construyendo a día de hoy junto al campo de golf de la playa de San Juan. Estas instalaciones pretenden convertirse en un referente local, provincial e incluso nacional, y las expectativas que ha levantado han sido "enormes", según apunta la propia ex yudoca.
Por eso no lo dudó. Las dos partes entablaron contactos y al final las conversaciones fructificaron. El Club de Judo Míriam Blasco trasladará sus clases al centro Arena. "Llevábamos tres años buscando unas instalaciones más grandes y al final hemos dado con la mejor opción", subraya. Sobre todo, porque Míriam y su equipo impartirán las lecciones en un tatami de 220 metros cuadrados. Sin duda, todo un lujo. "Del tatami hay que destacar su tamaño y también que se instalará en una gran sala en la que no habrá columnas. Además, la extracción del aire será óptima, puesto que no habrá ventanas en la habitación. Casi todos los gimnasios tienen ventanas en las salas donde se ubican sus tatamis, pero la ventilación es mucho mejor si no las hay", agrega.
A priori, el complejo deportivo comenzará a funcionar durante el próximo mes de septiembre, según avanza la ex yudoca. Será desde entonces cuando todos sus alumnos, venidos desde diferentes puntos de la ciudad, la comarca y la provincia, se trasladen también a él. "El objetivo no es sólo que los chavales sigan recibiendo clases, sino convertir éstas en algo familiar. Queremos que los padres también disfruten del deporte y, lo más importante, que lo hagan en familia", dice.
Aunque la demanda es elevada y Míriam prefiere mantener unos cupos en cada grupo para personalizar las clases, todavía quedan plazas, según resalta. Aunque eso sí, "limitadas". Todo aquel que lo desee puede acudir hasta la caseta que hay instalada donde se está construyendo el complejo para recibir más información.