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Por la puerta grande

 09:58  

Los lucentinos se ganan el pasaporte a la final a cuatro de Cáceres, donde el sábado se enfrentarán al Tenerife Rural, en un partido en el que arrollaron en todos los sentidos a un rival que nada pudo hacer ante su vendaval de juego

JUAN ANTONIO GIMÉNEZ Ni en sus mejores sueños habría imaginado el canterano alicantino Manolo Blázquez que jugaría, no ya unos segundos, sino nada menos que algo más de cinco minutos, en el decisivo partido de anoche, máxime estando sanos como una rosa como estaban los dos bases titulares, Fisher y Dumas. Eso sólo podía ocurrir en el caso de que el Alicante Costa Blanca llegara al final del partido sobrado, con el resultado más que asegurado, algo que, por desgracia, esta temporada no ha sido algo habitual. Pero anoche ocurrió. Y sucedió a lo grande, convirtiendo el Centro de Tecnificación en una auténtica fiesta. Hacía mucho tiempo que el público no se entusiasmaba de esa manera.

Y es que el Lucentum anoche aniquiló, pulverizó, devoró, descuartizó... pongan el verbo destructivo que gusten, a un Los Barrios que se dejó en casa el traje de lobo con el que se disfrazaron en el primer partido del play-off y con el que asustaron en tierras gaditanas a los alicantinos. Ayer estuvo desnudo, fue un títere sin cabeza, un barco sin rumbo, un juguete en manos de un Costa Blanca al que, esta vez más que nunca, se le vio disfrutar sobre la pista pese a que el arbitraje tampoco es que tuviera su mejor noche. Magnífica, inmejorable despedida de temporada la que ofrecieron al respetable. Ahora, a buscar la gloria en Cáceres. Con el miedo en el cuerpo llegaron muchos aficionados al pabellón después del susto del encuentro perdido en Los Barrios, que obligaba al Costa Blanca a ganar sí o sí en casa para viajar a la final a cuatro de Cáceres.

Con el horario adelantado a las 20.30 horas debido a la retransmisión en director por Punt 2, el Costa Blanca salía a la cancha con un quinteto formado por Fisher, Digbeu, Coppenrath, Angulo y Andriuskevicius. El lituano abría el marcador, respondido por un triple de Howard. La buena presión defensiva y el calor del público, como en la era dorada en ACB, permitieron que un triple de Lucio colocara el 7-6 en el luminoso después de que Ferrer hubiera adelantado a su equipo. Una falta pitada a Digbeu tras robar un balón provocó la primera bronca del público para el dúo arbitral. Andriuskevicius borró este episodio con un soberbio taponazo que sólo iba a ser el primero de unos cuantos. Al escolta francés le pitaron luego pasos y Los Barrios aprovechaba para ponerse 7-8 por encima. Pero apareció de nuevo la torre lucentina para culminar una jugada de 2+1. A partir de ese momento, Los Barrios ya no iba a saborear más en todo el partido la sensación de ir ganando.

Porque entonces arrancó el festival de los alicantinos con un brillante protagonista: Pat Carroll. Tras su primera canasta, tiempo muerto. La muñeca de este hombre tiene que ser obra de un relojero suizo: 100% en triples y tiros libres, y 80% en los de dos puntos. Él solito contabilizaría 21 puntos al final del encuentro y una valoración de 27. Un lujo que convendría conservar tanto si se sube, como si no (toquemos madera). Acaba el tiempo muerto: Martynas pone otro taponazo, contra de Fisher y, a lo tonto a lo tonto, ya ganamos por el doble (16-8). Los puntos iban entrando al mismo ritmo que el público que llegaba al pabellón: rápido y a ráfagas. Coppenrath, otro que se puso las botas. Ayer hasta clavó todos los tiros libres.

Mientras, los barreños (es el gentilicio, no un adjetivo) fallaban todo lo que tocaban. Estaban asfixiados. No lo estaba Fisher, pero le sustituyó Dumas. Carroll seguía a lo suyo: anotar. Hasta Moss, uno de los destacados de Los Barrios en los partidos anteriores, erraba los libres. Angulo y Coppenrath aumentaban la ventaja hasta el 27-10. Otro tapón, la coge Dumas y Norel coloca el 29 a 10 con el que acabó el primer cuarto después de que los visitantes no tocaran aro en un intento de triple. Reflejo de su horribilísima actuación hasta el momento y presagio del calvario que iban a sufrir en lo que restaba de encuentro.

En el segundo cuarto, más de lo mismo. La apisonadora local seguía machacando. Se notaba que los jugadores alicantinos tenían el orgullo herido tras su derrota en tierras andaluzas. Y la venganza fue tan letal como cruel. Norel se apuntaba a los taponazos, aunque una pérdida de balón permitía que Moss encestara. Áxel Weigand, ayer muy entonadito, se hacía hueco y abría su cuenta personal después de que Dumas intentara una frivolidad. Carroll replica de tres y defiende. Norel pelea y el argentino se marca un triplazo que marca un tranquilizador 45-25.

Jesús Chagoyen, el mejor de los rivales, estaba tan desquiciado que incluso mandó un pase al público. Norel y Axel aumentaban las rentas, igual que Fisher con una preciosa jugada que recoge el vídeo que acompaña esta crónica. Mejor verla que contarla. Estamos ya en un increíble 50-26. Los Barrios recorta hasta llegar a 51-33. Óscar Quintana pide tiempo muerto a falta de 2,8 segundos. Da las instrucciones y sobre la bocina... triplazo de Fisher. Al ecuador del choque: 54-33. Algún espectador templaba ánimos recordando que faltaba la pájara de siempre. Pues no, amigo, esta vez no. Andriuskevicius, al igual que en el primer cuarto, abría el tercero como actor principal gracias a un tapón de libro y un rebote. El Lucentum reeditaba de salida el quinteto inicial del partido.

Chagoyen era la respiración artificial de un equipo comatoso, a merced de un Costa Blanca que se iba creciendo más y más. Los Barrios no encontraba manera. La solvencia de Coppenrath en ataque y en defensa y la seguridad en el tiro de Alain Digbeu ponían al público en pie, que miraba regocijado un 64-36 en los paneles. Y otro taponazo del pívot lituano que acaba en personal. Pero Moss falla uno. Y luego otro. Parece que le había mirado un tuerto. Los lucentinos, en cambio, lo acertaban todo. 70-39. Casi nada. Aún así, la máxima ventaja del partido ascendió a la friolera de ¡46 puntos! Lucio se sumó a la fiesta de los tiros desde los 6,25 para situar el 77-42. Y Moss seguía sin ver el aro.

El Lucentum machacaba sin piedad a un rival humillado por el público a gritos de olé, olé. Los cánticos taurinos explotaron con un triple de Waleskowski. A falta de un minuto para la conclusión del tercer cuarto el Costa Blanca jugaba como los ángeles y el público disfrutaba de un placer deportivo que llegó a su clímax con una jugada de autopase de Dumas que culminó con un triple de Carroll: 87-44 y el delirio colectivo.

Las quejas de los visitantes a una decisión arbitral fueron contestadas por el público con un «ay, ay, ay, ay canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito mío, los corazones». Carroll encestaba con la frialdad de un asesino en serio: dos puntos más y 89-45 para afrontar el siguiente y definitivo asalto. Los visitantes, obviamente, salieron con el único ánimo de tratar de maquillar el resultado. Pero Waleskowski se encargó de dejarles claro que hasta eso se iba a vender caro anoche: triple y 92-45. Morales echaba el resto a por el triple y logró uno. SuperCarroll, sobre la bocina, le oscurecía.

Con el reloj en 07,28 entraba a escena Nick George por Henk Norel, mientras una parte del público pedía a gritos unos minutitos de gloria para el canterano Manolo Blázquez. Pasados unos minutos, el técnico local se acerca al joven y le dice algo. 97-54 y faltan cinco minutos y diecisiete segundos para el final. ¿Por qué no? Y con la hinchada en pie sale a la pista Manolo. George, ansioso por sumarse a la fiesta, va fallando una tras otra. Por fin, machaca una y coloca el marcador al borde de las tres cifras: 99-56.

La ola, no podía faltar, empieza a surcar el graderío pidiendo rebasar el centenar de puntos. Los Barrios aprovechó el jolgorio para anotar unos puntitos mientras los cien se resistían a los lucentinos. Con el 99-67, Waleskowski hizo los honores encestando de dos a pase de Manolo quien, qué carajos se diría a sí mismo, se la jugó de dos después y no entró por poco. Otra vez será, muchacho, y que te quiten lo bailao. Carroll, merecido se lo tenía, puso su sello en el definitivo 103-67. Números de escándalo: la valoración global del Lucentum: 126. La del contrario: 50. Sobran las palabras. Al término de esta crónica ya se conoce que el Tenerife Rural, tras ganar al Plus Pujol Lleida, será el rival del Alicante Costa Blanca en Cáceres. Si se juega como anoche los dos próximos partidos, no habrá nadie que no pueda cantar ¡Lucentum ACB!

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