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HEMEROTECA » |
JUAN ANTONIO GIMÉNEZ Moncho Fernández no anotó ninguna canasta, no puso ningún tapón, no dio ninguna asistencia, más que nada porque no saltó de corto a la cancha. Sin embargo, fue él quien decantó la balanza del partido y, paradójicamente, no lo hizo a favor del equipo al que entrena, Villa de los Barrios, sino que entregó en bandeja de oro la victoria al Alicante Costa Blanca al perder los nervios en los últimos segundos y recibir una doble técnica.
Su sancionado arrebato final ha servido para evitar que al club alicantino y a sus seguidores les tiemblen las piernas. El de anoche fue otro típico partido por parte de los alicantinos, fiel reflejo de un conjunto cuyos jugadores son capaces de lo mejor y de lo peor en cuestión de minutos, que bien regalan momentos de gran baloncesto como desesperan al aficionado más paciente. Y para el que esperemos que haya sido el último encuentro de la temporada en el Centro de Tecnificación de Alicante los lucentinos se guardaron su mejor ración de «Jeckyll y Mr. Hyde», de equipo con dos caras.
El luminoso se despidió con un 73-67 que engañará a la hinchada de Los Barrios que no haya visto el choque. Porque su equipo mereció mejor suerte. Sólo su propio entrenador se lo impidió con una reacción impropia de un profesional con experiencia.
Patrocinado por el complejo cinematográfico Ciudad de la Luz, el partido no podía por menos que desarrollarse como una película. ¡Ya habríamos querido que fuera una romántica, para que el público se despidiera enamorado del equipo, lanzándole besos y arrumacos y diciéndole algo así como «siempre nos quedará Cáceres». Pero no, el guión fue de suspense, la trama estuvo trufada de sustos y el final fue de auténtico infarto. Ríete tú de «El sexto sentido» o «Los otros». Lo de anoche fue mucho peor. Baste decir que a falta de dos minutos hubo quien abandonaba el recinto, convencido de la debacle, y se perdió el milagro.
La «sala» no se llenó, había menos espectadores que en el encuentro ante el CAI, de tan amargo recuerdo. Sin embargo, el ambiente era bueno y desde luego las butacas presentaban menos «calvos» que de costumbre. Un minuto de silencio por el fallecimiento del abogado Joaquín Pastor, miembro de la Cruzada Azul, precedió el inicio del choque.
Los protagonistas lucentinos, por orden alfabético de aparición, fueron Angulo, Coppenrath, Digbeu, Fisher y Norel. Los primeros compases del encuentro mostraron cierta torpeza en ambos contrincantes, quizá atenazados por la presión del primer asalto del «play off» por el ascenso. Alain Digbeu abría el marcador tras una buena incursión. Después, un desconocido Fisher comenzó lo que sería una larga serie de intentos fallidos de triple.
La buena defensa visitante anulaba a un Norel voluntarioso. Los locales animaron al respetable con un par de taponazos servidos primero por Lucio y luego por el alero francés. El luminoso era un toma y daca constante hasta que Fisher, por fin, encestaba de tres. Poco después, Andriuskevicius le imitaba y colocaba un 16-9 en el marcador. No obstante, Rivero acortaba distancias, también desde los 6,25. Pese a estar bastante fallones, los jugadores gaditanos llegaron al final del primer acto a sólo cuatro puntos (18-14);.
En el segundo cuarto, un empujón sobre Andriuskevicius que el árbitro no pitó encendió los ánimos del público. Errores tontos del equipo de Quintana hicieron posible primero la igualada y luego que los visitantes se fueran de cuatro. Un triple de Dumas que ni tocó aro comenzó a inquietar al público, pero el base se redimió con una jugada de 2-1. La entrada de Pat Carroll, que hizo de héroe, de Indiana Jones, con unos latigazos de muñeca que hicieron posibles dos triples consecutivos, dio alas al Alicante Costa Blanca, al que anoche vieron en acción la Bellea del Foc y sus Damas desde el palco. Y tras el saludo fogueril, el equipo se escapa de siete (30-23);. Coppenrath sigue funcionando bajo el aro, ellos yerran los tiros libres, hasta los pases... Y Axel Weigand recordó a todos que sigue ahí con una bonita canasta.
El Lucentum conseguía entonces su mejor racha anotadora, con un parcial de 15-0, dejando el marcador en 36-23. Los Barrios pedía tiempo muerto y la afición, parece que olvidando lo que esta temporada ha deparado en muchos partidos, se las prometía felices con sus cánticos. Fisher y Digbeu trataron de levantar los culos de los asientos con un alley-hoop que no se materializó. Aunque por momentos los alicantinos se lo ponían fácil al rival, éste parecía no querer meter canasta. La primera parte acababa con un 36-27 y un conato de tangana por un «tuyo mío es el balón» de Moss y Norel.
Todo parecía presagiar que la fiesta no se iba a aguar, pero hete aquí que el Lucentum esta temporada gusta de poner a prueba los corazones de sus hinchas. Aunque Fisher y Digbeu, esta vez sí, obsequiaron con el alley-hoop antes abortado, tras esta acción comenzó la remontada de Los Barrios. Un triplazo de Rivero anticipaba que la derrota la iban a vender cara. Fisher fallaba los tiros libres, Norel erraba el pase... El Lucentum se había dormido, había cogido la pájara habitual. Y los de Moncho Fernández la aprovecharon. A falta de escasos tres minutos para acabar el tercer cuarto se adelantaban(45-47);. El miedo en el cuerpo. Y eso no estaba en el guión.
El Lucentum inicia el último acto con cuatro puntos de desventaja. Los primeros minutos son de una marcada irregularidad, con Digbeu fallando triples, Coppenrath frente a la canasta y Andriuskevicius desaprovechando tiros libres. Los visitantes usaban la cabeza y los locales un corazón desbocado, como los de su parroquia. El pívot norteamericano recorta distancias y el público comienza a creer de nuevo. Los de Los Barrios, de verde, habían sido como Hulk, la Masa, despertando cual bestia cuando menos se lo esperaba nadie. A Digbeu le pitaban pasos.
Los árbitros no tenían el día fino, pero no era excusa. El Lucentum recogía lo que había sembrado: esos minutos de desconcentración que le han perseguido toda la campaña, primero con Quim Costa y ahora parece que también con Óscar Quintana. El técnico local pedía tiempo. Hacía falta. A la reanudación, un triple de Moss ponía un preocupante 56-60 en la retina de los espectadores. Y Fisher lanza a triple sin siquiera tocar el aro. A falta de dos minutos para el final, el marcador reflejaba un 59-65 que hizo desertar a los más incrédulos.
Un trascendental triple de Fisher alimentaba las opciones locales a falta de un minuto y 18 segundos para el final (62-65);. Otro de... ¡Coppenrath! a falta de 49,2 segundos, que el árbitro pitó en principio de dos para luego rectificar, desataba la locura en el Centro de Tecnificación. Empate milagroso. Falta personal de Lucio. Dos libres para Los Barrios que les adelantan. Veinte segundos. Quintana pide tiempo.
A falta de siete segundos, cuando Andriuskevicius se disponía a encestar para las tablas, el rival comete antideportiva y el árbitro lo pita. Aleluya, Dios existe. Y el demonio también. Al menos tuvo que poseer al entrenador de Los Barrios, Moncho Fernández, que entró en cólera, ganándose dos técnicas, una expulsión que, literalmente, regaló el partido a los alicantinos.
Al lituano esta vez no le falló el pulso e igualó la contienda (67-67);. Digbeu se encargaría de rematar la faena, tirando cuatro libres por las técnicas, seguidos de otros dos a falta de tres segundos. Todos dentro. Los Barrios mereció mejor suerte y, a buen seguro, su técnico habrá aprendido la lección. Al Alicante Costa Blanca le hará falta, además de que sus iniciales sean causalmente ACB, algo más que la suerte que ayer demostraron tener si desean ascender a la máxima categoría del baloncesto español. Al menos anoche hubo final feliz.
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