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EFE. HAMBUGO Rafael Nadal volvió a probar que es un jugador excepcional e irreductible, al vencer ayer al suizo Roger Federer, amo y señor de los torneos alemanes en los últimos años, en la final del Masters Series de Hamburgo, por 7-5, 6-7 (3); y 6-3.
El suizo tuvo que rendirse ante la evidencia de que el español es incombustible, casi extraterrestre. Más aún si se tiene en cuenta que Federer, en un arranque espectacular y lleno de aciertos, se colocó con 5-1 y dispuso de una bola de set que Rafa anuló, aunque el peligro aumentó cuando el español tuvo que recurrir al fisioterapeuta para que le trataran un dolor en la parte posterior del muslo derecho, fruto del cansancio del día antes. Por un momento el fantasma de la retirada de Nadal sobrevoló la pista central del estadio Rothenbaum, donde Federer ha ganado el título en cuatro ocasiones. Los gestos de dolor del español así lo indicaban, y con la cercanía de París, quizás hubiera sido lo más lógico. Pero el español sacó la garra que le caracteriza y alargando más los puntos, soltando más el brazo, y haciendo mover más a su rival, puso a Federer en entredicho. Salvó otro punto de set en el octavo juego, y ganó siete consecutivos (7-5 y 1-0); ante la desesperación del helvético que golpeó la red con su raqueta, gritó de impotencia y se vio acorralado.
Federer llevaba hasta 41 partidos ganados de forma consecutiva en Alemania con títulos en Halle (sobre hierba); desde el 2003 al 2006, consecutivos, y los que ha logrado aquí en 2002-04-05-07. Su clase no le permitía caer de esta forma ante Nadal, y sobre todo ante la presencia de su padre, Robert, en las gradas.
Federer se olvidó de esa ruptura inicial en el segundo set y apuntó alto, jugó con estilo, con la clase de un campeón de Wimbledon y se colocó con un inquietante marcador de 4-1 y 5-2, sacando para ganar esta manga.
Pero a Federer le falta lo que le sobra a Nadal, convicción. Y si falló para cerrar el primer set con su saque, también pecó de lo mismo en el segundo. Nadal, sobreponiéndose a todo, le desesperó desde el fondo hasta el punto de que el público alemán terminó reverenciándole. Igualó 5-5 e incluso tuvo posibilidad de romper para el 6-5, con un inmejorable 0-40, pero el español forzó el desempate. Un esfuerzo baldío porque en este juego el suizo jugó con mayor habilidad para ganarlo.
Pero el desgaste ya había hecho mella en ambos jugadores que buscaban la ruptura a muerte. Y la fortaleza mental del español prevaleció. Fue Nadal el que lo logró primero en el 3-1 y ahí quedó sentenciado el duelo. El último, punto, colosal, rubricó el gran duelo de dos horas y 52 minutos.
Ambos jugadores descansarán esta semana y se pondrán a punto para París. Allí se producirá el reencuentro de Federer con su entrenador José Higueras, con quien ha trabajado en Estoril y Montecarlo solamente.
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