EFE
Ambos propulsores fueron enviados desde Melbourne a la fábrica de Maranello para ser analizados y allí se comprobó que la rotura de las válvulas se produjo por un mal funcionamiento de la inyección de gasolina, provocada por el fuerte calor.
El portavoz de Ferrari también señaló que no se trataba de "un problema de control de calidad, ni de refrigeración. Ahora deberemos trabajar duro en los mapas de inyección y estamos seguros de que no se volverá a repetir la avería".
Por último señaló que las roturas no tenían nada que ver con el funcionamiento de la centralita electrónica, común para todos los equipos.