GUILLERMINA PERALES
S
in proponérselo, el título resulta irónico. Más que provocar una reflexión sobre la mirada de la primera fotografía sobre el aspecto urbano de Alicante, nos trasmite la pobre situación actual de la cultura y el arte en la que tristemente nos encontramos en esta ciudad. No hay color. La escasa base artística con que se plantea esta muestra fotográfica nos sumerge todavía más en la precariedad cultural, obviando la diversidad y la complejidad de una mirada crítica con la que se analice la realidad arquitectónica, artística y social en la que Alicante se debate actualmente, fruto, lógicamente, de su propia historia. Esta es una selección de fotografías hechas por profesionales y aficionados, desde 1860 a 1960, pero en la que no constan sus nombres ni un mínimo texto que nos explique la procedencia del ojo que plasmó esas imágenes. Una exposición que "nos propone un paseo histórico". Hasta ahora yo entendía el trabajo histórico de otra manera, más científico y documentado. Lo que sí es evidente es que las imágenes muestran un Alicante perdido que atrae la nostalgia y la sensibilidad más popular. La transformación inevitable de la ciudad ante los procesos de cambio tan tremendos que hemos sufrido, su indudable deterioro ante la perdida de algunos edificios de gran valor arquitectónico, que ha dejado a nivel visual cuestiones inaceptables. Vemos la transformación de nuestro sky line, la pérdida de las imágenes del imaginario colectivo: el Castillo, el puerto, la explanada... La fotografía de una ciudad es la visión de su arquitectura, la visión de los valores y prioridades de una sociedad en la ocupación de su espacio. En esta mirada documental queda registrada la evolución, destrucción-construcción, de los elementos de la ciudad que constituyen la debacle arquitectónica que es hoy Alicante. Pero, ¿qué nos quieren decir con esto? ¿Es una mirada nostálgica ante lo irreparable? ¿Nos podemos identificar con lo que ya no somos?
Es evidente que esta muestra de instantáneas no tiene mucho que ver con el arte. La mirada artística va mucho más allá de una mirada fotográfica al uso. En el recorrido que establece este "paseo" por el tiempo no han sabido dibujar un mapa en el que las obras y la disposición del nuevo esqueleto urbano tengan el interés para establecer una teoría o un diálogo constructivo como no sea el estrictamente anecdótico y social. La ciudad es un conjunto de intervenciones en el que muchas veces, sin ningún modelo o plan, se alternan ejercicios más o menos especulativos. Si en algún momento de la historia de Alicante hubo una determinada unidad que marcara los límites en los que la arquitectura definía espacios para la sociedad, a partir de los años de postguerra, se inicia una etapa en la que la especulación, el chalaneo, el estraperlo, y la revalorización de un esquema de modernidad, falsamente interpretado por urbanistas y políticos del momento, configuraron un desestabilizador sistema de construcción. Pero esta muestra no comporta un análisis sobre lo ya ocurrido y ni siquiera plantea una reflexión crítica que nos haga ver un futuro más ideologizado.
Diferentes voces críticas de arquitectos y profesionales vienen analizando los espacios y las condiciones estructurales de esta ciudad en las páginas de este periódico. A estas alturas, pedimos algo más de la Concejalía de Cultura. Esta exposición se ha planteado como un parque temático de curiosidades. La preocupación por las decisiones que nos proyecten hacia un futuro de convivencia urbana está en la calle, pero no se ve por ninguna parte la respuesta institucional a estas demandas. La torpeza del planteamiento de esta muestra refleja la misma inercia de dejadez y de desconocimiento que la ha producido. La falta de un debate continuo e interesado en solucionar estos temas no se plantea en la propuesta de esta exposición.