GUILLERMINA PERALES
V
incenzo Trione, el comisario de esta exposición, una de las más completas que en las últimas décadas se ha hecho de Giorgio de Chirico fuera de Italia, reivindica con amplia documentación su influencia en múltiples autores y disciplinas, desde la pintura al cine y la arquitectura. Nos muestra la personalidad compleja y contradictoria de este autor y lo sitúa como una de las referencias fundamentales del siglo XX.
Hay artistas de largo y de corto recorrido, artistas que nos aportan muchos registros en diferentes momentos de sus vidas, como Picasso, Miguel Angel, Matisse, Tapies, Goya, Rembrandt, etc. Y otros, sin embargo, de los que sólo nos interesan algunas etapas de su obra siendo el resto muy poco valorada, como Jackson Pollock y sus espléndidos cinco últimos años de su vida, o Renoir con una última obra realmente floja, o Braque que, fuera de la obra cubista, no interesa a casi nadie. Giorgio de Chirico (1888-1978);, es fundamentalmente apreciado por una época muy determinada, la de sus primeros años como creador, desde 1911 a 1918. Pintura que Guilleaume Apollinaire, el poeta y crítico francés, denominó pintura "metafísica", en su exposición de 1913 en París. De Chirico, de padres italianos nació en Grecia, estudio en Munich, donde conoció la filosofía de Schopenhauer y Nietzsche, fortaleciendo su adhesión hacia los ideales estéticos clásicos. Muy influido por la pintura simbolista de Arnold Böcklin comenzó a construir una serie de paisajes urbanos en los que la visión de una imagen extraña, enigmática se reforzaba con la introducción de elementos arquitectónicos de diferentes épocas, pero estilizados, creando unas escenografías que respondían más a un estado mental, subjetivo. Pero su influencia más directa, aunque él la negara, proviene de las esculturas y pinturas cubistas que vio en los estudios de París. No construye un espacio renacentista. La perspectiva clásica se distorsiona con diferentes puntos de fuga, la mayoría falsos, pone en el mismo plano lo lejano y lo cercano, confundiendo el sentido de la profundidad ilusoria, rompe con la concepción del espacio puramente académico y se acerca a la experimentación pictórica de las vanguardias. En sus declaraciones, siempre se mantuvo en la línea de ir contra la experiencia de la modernidad, y basar su obra en un clasicismo inveterado. A pesar de su fuerte influencia en movimientos del arte como el surrealismo, el Dadá, la arquitectura moderna e, incluso, en la imagen posmoderna. Sin embargo, mi visión sobre De Chirico está más centrada en la concepción de un artista que siempre se situó a si mismo fuera de época, que vive de la influencia del Giotto y los primitivos italianos a los que conoció en Florencia en 1910, en ese viaje a París desde Grecia. A partir de ahí comienza una experiencia personal que sorprendió a todos, en esa confrontación entre su mirada hacia el prerrenacimiento y una concepción del paisaje urbano basado en la ecléctica arquitectura de la ciudad de Turín. Una ciudad famosa por la brujería y la alquimia, en la que Nietzsche decidió residir al final de su vida, y donde se volvió loco. Toda la crítica aceptó siempre esta primera obra, rechazando sin embargo la obra posterior, cuando se vuelve todavía más barroco, llegando a hablarse de "mala pintura", composiciones simples y tratamiento pictórico cargado de figuras atropelladas. En los años setenta, retomó su obra metafísica haciendo malas copias de si mismo. Esta obra "más clásica", es producto del agotamiento de su repertorio, de su imposibilidad de mantener esa tensión poética a pesar de haberse creado un vocabulario de imágenes simbólicas en las que condensaba sentimientos, contradicciones y espacios de la memoria. En su búsqueda de continuidad artística surgieron las influencias que más amaba y conocía, el barroco y el manierismo, y que no pudo reconvertir como había hecho en la primera obra.
No cabe duda que su influencia fue más conceptual que pictórica dando lugar a un tipo de pintor en el que prevalece la imagen sobre la factura, pero, en esa última época de excesos pictóricos, a mi, particularmente, no me interesa lo más mínimo.