ANTONIO DOPAZO
U
na curiosa parodia del cine de acción y de artes marciales que no se estrenó en España pero que gozó de un relativo renombre en el ámbito de la serie "b". Prueba de ello es que tendría una secuela cinco años después, "They still call me Bruce"("Le seguían llamando Bruce");, que dirigiría el propio protagonista de la entrega original, Johnny Yune, junto con James R. Orr. Lo cierto es que se trataba de llevar la acción a sus últimas consecuencias con el propósito de divertir al auditorio. Curiosamente, de la dirección se encargó un realizador surcoreano afincado en Estados Unidos, Elliott Hong, que dirigía su tercer largometraje.
Pensada y concebida para el lucimiento del actor y guionista, y más tarde director, Johnny Yune, la película muestra los riesgos que puede acarrear el parecerse fisicamente al que fuera mito del cine oriental de artes marciales Bruce Lee. Eso es lo que le sucede a Bruce, un inmigrante coreano enviado a Estados Unidos por su abuelo (personaje que también incorpora Yune); con el fin de que encuentre el paradero del que fue su amor perdido. Tiene su supuesta dirección en la ciudad de Nueva York, pero su problema es que él está en Los Angeles y tiene dificultades para poder salir.
Lo que le sucede a Bruce es que ha encontrado un trabajo de cocinero para la mafia italiana que en teoría consiste en distribuir por todo el país la famosa "harina china". Naturalmente, la realidad es bien distinta, puesto que se trata de droga pura y dura, un "empleo" que le ha puesto en el punto de mira de los agentes federales. De este modo y mientras recorre Estados Unidos creyendo que está repartiendo harina se verá acosado por gángsters, mafiosos, tiradores de élite y las propias fuerzas de seguridad. Es entonces cuando su parecido con Bruce Lee adquiere una dimensión épica y la vena humorística de la trama sale a relucir, puesto que ha de ir eliminando a todo aquel que se cruza en su camino, derivando a situaciones delirantes en las que la acción se convierte en un auténtico desmadre.
Sorprende, en un reparto de nombres de escaso relieve, la presencia de una Margaux Hemingway, que se suicidaría por sobredosis en 1996, todavía muy atractiva que asume el cometido de Karmen.