S. ILLESCAS
A
sus 92 años, el alicantino José Caballero todavía recuerda los primeros dibujos que hacía desde bien pequeño con los que confeccionaba una especie de tebeos. Más tarde, en el instituto las viñetas pasaron a retratos de sus compañeros y de los catedráticos, que no perdían el gracejo y la frescura del cómic, desembocando, por tanto, en unas genuinas caricaturas.
Así comenzó Caballero su andadura dentro de este desenfadado género artístico, a través del cual ha ido radiografiando gran parte de la sociedad, tanto española como alicantina, de los últimos tiempos, con especial importancia de la etapa de la transición. Personajes alicantinos emblemáticos en esa época como, Francisco Moreno, Enrique Cerdán Tato o Pepe Beviá, se intercalan entre sus obras con otras figuras de la terreta más actuales como el propio alcalde de Alicante, Luis Díaz Alperi, o el senador Julio de España. Muchos de ellos se exponen en la muestra que se presentó ayer en el Club INFORMACION, titulada "Cronista de la ironía", que recoge toda una vida en dibujos.
En ellos también retrata a otros personajes actuales como Letizia Ortiz, Woody Allen, Pedro Almodóvar o Emilio Botín; e incluso a individuos que se han cruzado en su camino y son desconocidos para cualquiera que no le haya acompañado durante sus noventa primaveras. Pero es que, de hecho, Caballero nunca realizó estos dibujos con el objetivo de que alguien los viera. "Me parece impresionante que después de tanto tiempo se hagan exposiciones con mis dibujos. Todo empezó porque la directora del instituto de Babel, Beatriz Inés, decidió recopilarlos para realizar una exposición, después de que a ella y a su marido, Dionisio Recio, les hiciera dos caricaturas. De hecho, la de Recio me parece la mejor que he hecho. Si todas las que he dibujado en mi vida fueran así creo que habría triunfado en este género y se me podría considerar artista", confiesa el propio José Caballero. Este dibujante no afronta ninguna de sus obras de una manera mecánica. Según él, son fruto de la inspiración, de captar un gesto o un detalle de la personalidad que guíe su lápiz hacia un dibujo sin demasiados artificios. Un par de trazos que con poco digan mucho de la personalidad o del alma de su "víctima". "Los hombres se toman el resultado mejor que las mujeres. De hecho, he perdido con esta afición muchas amistades femeninas", bromea.