MARC LLORENTE
Los tres intérpretes, más dos músicos con un violín y un acordeón, nos introducen en la obra del sueco August Strindberg antes de representarla. Los hechos y personajes están basados en una realidad donde la lucha de sexos, de clases y de ideas constituye la sinfonía dramática y naturalista que ha dirigido con rigor el ilustre Miguel Narros. Un nuevo estreno nacional que el viernes no llenó el coliseo alicantino. "La señorita Julia" data del año 1888 y se ha puesto en escena en numerosas ocasiones. El afán de supervivencia y la imposibilidad de vivir caracterizan la validez actual del genio creador de Strindberg, un escritor de vida tormentosa, misógino y pesimista que muestra unos seres esclavos del orden social e incluso del orden natural. La rebelión y la proyección de su universo interior se vuelcan sobre el escenario con una aguda introspección psicológica. Del naturalismo evolucionó hacia el expresionismo, una forma estética que pretende plasmar las vivencias interiores aportando elementos simbólicos u oníricos y distorsionando el mundo exterior. Una fuerte carga emocional que también se observa en los pasajes asumidos por María Adánez y Raúl Prieto, la pareja protagonista. Ella es la señorita y él encarna al criado del padre, el conde, en una casa nobiliaria de fines del XIX. Chusa Barbero es la elocuente criada que circula por la escenografía de Andrea D'Odorico, una cocina como el único lugar en el que se representan las conflictivas e intensas relaciones. El amor interesado del mayordomo y las rígidas maneras sociales y morales de la época imponen su norma junto a los sentimientos de culpa. Ésta es la dimensión trágica y acentuada por los viejos cánones que interpretan María Adánez y Raúl Prieto con los cambios y los matices expresivos que imprime la ajustada dirección de Narros. "La señorita Julia" requiere dos actores de peso para que el espectáculo brille todo cuanto pueda. No se alcanza ese relieve, pero el rodaje de la obra seguirá su curso. La calidad textual y Miguel Narros ofrecen esa suficiente confianza que despierta el interés. La emancipación femenina impregna las escenas escritas por Strindberg.