L
a galería Italia, desde su inauguración en los años setenta, ha venido mostrando la trayectoria de una pintura que, asumiendo las diferentes concepciones de sus protagonistas, supuso la apertura de este país a la modernidad del arte. Nos abrimos a una nueva relación de la pintura con otras disciplinas: la gráfica, el cómic, la fotografía. Otras maneras de entender la expresión artística que tanta importancia tiene en los aspectos fundamentales de la reflexión estética actual.
A partir de la irrupción en el ámbito internacional del expresionismo abstracto americano, el artista entiende la pintura como proceso. La idea de expresarse en el acto inmediato y espontáneo de pintar, la pintura es la expresión de sí mismo y no de un significado ajeno: el proceso de pintar representa el contenido del cuadro. Esta gran libertad motivó múltiples y antagónicas concepciones artísticas.
Manolo Mompó, en una entrevista para la revista de arte Guadalimar, en octubre de 1980, se refería al origen de su obra, viendo un catálogo de París de 1966: «He necesitado desde siempre pintar, decir o expresar la vida cotidiana del pueblo en que vivo, sus costumbres, sus relaciones (É);. Esas palabras que oigo confusamente en la calle, sin poder captar su sentido, están a veces en el cuadro como letras sueltas. Son letras que se integran con los personajes y son letras-dibujos, como signos, que ayudan a componer, a llenar espacios y a crear ambiente de voces, de cantos, de comunicación (É);.
Unos años más tarde las letras sueltas y sin sentido se convierten en los cuadros en frases hechas, en diálogos. Estaba sugiriendo, contando cosas como pintor y esas cosas las hacía a mi manera con formas plásticas y letras.
Más tarde las letras y las frases hechas desaparecieron y hoy quedan unos garabatos o líneas que recuerdan letras y que me sirven para expresar vivencias».
Nada mejor que las palabras del propio artista para describir la evolución de una obra fundamental para la pintura española, en unos momentos en los que había que reinventar nuestro lugar en el arte. Pero también una obra fundamental para cotejar la investigación plástica de muchos de los jóvenes artistas actuales que se mueven entre la gráfica, la imagen del cómic o el dibujo, y la elaboración pictórica.
La obra de Mompó surge como la creación de un lenguaje propio a partir del concepto de dinamismo y de comunicación constante. Mompó entendía la pintura como una conversación, el cuadro tenía que comunicar constantemente, sino era así, si nos sabíamos la pintura, ésta ya no tenía sentido. La galería Italia ha venido exponiendo la obra de Manolo Mompó desde sus inicios.
En esta ocasión podemos ver una serie de dibujos originales en blanco y negro de una calidad extraordinaria, como sólo una autor de su talla puede realizar. En ellos, dialogan la investigación e invención de la línea, la visión actual de la expresión gráfica, pero también los desarrollos, que en este sentido, le motivaron las obras y la reflexión de autores como GoyaDaumier.
En su trazo se combina el espacio de la pintura, la expresión del gesto y la invención de signos que buscan la dispersión y, al mismo tiempo, componen la visión de la superficie pictórica.
El poeta José Hierro escribió: «los grafismos de Mompó tienen algo de garabato infantil sobre el pupitre del colegio, de criaturas de la imaginación más niña, en la que la verdad nace de su relación estrecha con el artista, no con la realidad a la que pueda aludir. Mompó nos entrega los frutos poéticos de su descubrimiento del mundo. Hay en ellos alusiones a seres, a máquinas, a cosas difícilmente identificables, pero que han dejado su huella y su sorpresa en el artista.
Mompó ha logrado asimilar la torpeza y el balbuceo de un niño que tuviese muchos siglos de cultura, muchos siglos de sufrimiento». Una ocasión única para entender la pintura de siempre y de nuestros días.