DAVID GARRIDO
Primera velada de la temporada de la Sociedad de Conciertos, que ya era anhelada por el aficionado a la música clásica alicantino como los hebreos el maná que caía del cielo cuando deambulaban por el Sinaí. Sobre la palestra escénica una joven violinista con muy buenas maneras, temperamento y una expresividad diáfana, acompañado por el agraciado Till Fellner, otro joven intérprete que se maneja el piano como Ferran Adrià los fogones del Bulli. El resultado no es difícil de adivinar, una magnífica sesión de música de esas para reclinarse sobre la butaca bien acomodados y dejarse llevar.
En el programa hubo de todo un poco, que el barroco más sublime se dejó sentir con la «Sonata en fa menor núm.5, BWV 1018» de Johann Sebastian Bach, en cuatro movimientos embriagadores, muy expresivos, que supieron a poco. Y después una de esas rarezas que poco se prodigan pero de una hermosura deslumbrante, les bellísimas «Tre Pezzi op. 14» para violín y piano de György Kurtág, donde Hagner literalmente se vació expresivamente hablando, consiguiendo hasta el matiz más riguroso. Realmente, ¡bravo! Que casi diría que fue lo mejor de la noche. No obstante, parece no llueve a gusto de todos, que el azar quiso que este crítico cayese entre un grupo de señoras que vituperaron lo oído hasta la saciedad. Y qué le vamos a hacer. Tampoco les gustó la «Rapsodia núm. 1» de Bartók, tan sugerente, sugestiva y enormemente bella. ¡Ah! Y virtuosa cuando es necesario. Opiniones al azar a un lado, la obra bebe del folklore rumano y tiene momentos de un gran dinamismo y plasticidad, que Hagner y Fellner cuajaron con acierto.
Y tras el descanso, la «Kreutzer» de Beethoven, ya un clásico entre nosotros. Hagner se enfrentó a ese gigante de la música para violín con frescura y sin tapujos que, ciertamente, desarrolló toda la partitura acertadamente, muy asistida cuando fue necesario por Fellner, del que casi nos olvidamos a pesar de ser copartícipe del éxito de la velada, que así lo fue.
En definitiva, una interesantísima tarde-noche de concierto con dos magníficos intérpretes que, seguro, Dios mediante, volverán a actuar en Alicante.