ami Nair
, catedrático de Ciencias Políticas, comprometido con la política de su país, Francia, y gran colaborador en la prensa internacional, es un gran analista de los acontecimientos sociales y de las decisiones políticas que han conformado nuestra identidad en la historia común de las riberas del mediterráneo. En su entrevista para INFORMACION se define como «un intelectual comprometido con la justicia y la igualdad, no un político». Una gran personalidad que está presente en todos los debates que analizan y cuestionan los factores del proceso cada vez más evidente de la globalización. En su conferencia del pasado miércoles en la CAM, «La mirada del otro», en relación con los movimientos migratorios, Sami Nair nos habla de conocer la realidad de nuestra historia para poder reconocer al otro, para poder reconocer nuestra identidad y así aceptar la identidad del otro. Nos habla del conocimiento como la única posibilidad para entablar ese diálogo, para no renunciar a lo que hemos construido y no confundir tolerancia con ignorancia, con aceptación de lo intolerable como base para la justicia, la igualdad y equiparación en la construcción de una sociedad cada vez más compleja.
Pero el diletante es la figura más común entre aquellos que gestionan y dirigen la cultura y entre quienes la reciben. La rapidez y el acceso fácil a la información de todo tipo han hecho que nos creamos capacitados para juzgar cualquier cosa sin un conocimiento más profundo. Esta es una manera muy sibilina de manipulación de la opinión pública. Es curioso que aceptemos sin más que políticos y personas sin una formación cultural específica dirijan museos y centros culturales, dándose en estos una actividad cultural muy desigual y sin profundizar realmente en los elementos que conforman el conocimiento de la realidad del arte y de nuestra cultura. Da lo mismo exponer a
Martín Alía
(Centro de las artes);, o a
Melero
(CAM);, con una pintura superficial, de copista exhaustivo de modelos asumidos, autores que sólo reflejan el esfuerzo por superar unas deficiencias técnicas de reproducción que nada tienen que ver con la pintura. Al tiempo que vemos obras de el grupo El Paso o las fotografías sobre
Frida Kahlo
, estos sí, autores complejos que cuestionan su propia tradición y arriesgan en su visión una interpretación propia, siempre muy difícil, de la investigación plástica. Esta desigualdad de los artistas reconocidos en estas salas, incentivan este acercamiento diletante a la cultura y la pérdida de los referentes claros que mueven a una verdadera reflexión.
La imagen en nuestra tradición artística es un elemento de reconocimiento, el arte expresa una verdad más allá de lo prosaico o lo literal de unas convenciones sociales o políticas. El arte se fundamenta en si mismo, se basa en sus propias reglas; aunque refleje la estética del momento, no quiere poder, es desintegrador, no responde a unos intereses de clases o de minorías. La persona que promueva actos culturales debe ser objetiva y no proyectar sus gustos o preferencias personales. Debe haber un análisis más profundo de nuestras carencias históricas, de los autores y las obras que han significado, sólo así se puede comprender y valorar nuestra situación actual. Estimular y comprender las circunstancias que en estos momentos están sucediendo, sin imponer prejuicios.
Pero, ¿hay un interés en conocer, en reconocer nuestra identidad como pueblo, como parte de una comunidad de países y pueblos O sólo interesa contentar con facilidad y alabar el gusto malformado de algunos sectores de la población, para tener la aprobación fácil. Seamos más serios, el arte no es política, es mucho más.