EFE
El director del museo, Manuel Borja-Villel, ha señalado hoy en la presentación que la exposición se centra en "el diálogo entre distintas esferas de la vida política y cultural durante la posguerra en EEUU y Francia, y documenta el período 1946-1956, desde la euforia de la liberación y la reconstrucción tras la II Guerra Mundial hasta el miedo de la Guerra Fría".
La muestra pretende "comparar y contrastar" el arte producido en Francia y en EEUU y dar a entender cómo y por qué determinadas obras tuvieron éxito, convirtiéndose en iconos mediáticos y por qué otras, en cambio, ni siquiera se vieron y mucho menos discutieron.
Coproducida por el MACBA y el Museo Reina Sofía, la exposición pretende introducir en la discusión varios niveles de discurso: películas, periódicos, moda, archivos y entrevistas, confrontados a las obras de arte.
La selección incluye obras de pintores de la vanguardia clásica como Picasso, Léger, Kandinsky o Henri Matisse, que tuvieron gran peso en el desarrollo del arte de la posguerra, e incluye a artistas que raramente se han exhibido en España, como Jean Dewasne o Édouard Pignon, vinculados al Partido Comunista francés.
El núcleo central se desarrolla alrededor de obras de artistas como Jackson Pollock, Robert Motherwell, Willem de Kooning, Mark Rothko, Arshile Gorky, Wols, Henri Michaux, Bran van Velde, Nicolas de Staël, Pierre Soulages o Hans Hartung.
El visitante puede descubrir la importancia histórica de propuestas que se han visto desterradas de la historia lineal del canon, entre ellas el surrealismo revolucionario o los Indian Space.
El recorrido se inicia en la segunda planta del museo, donde se revisa la situación de Francia tras la II Guerra Mundial y sitúa el foco de manera especial sobre Picasso, utilizado por el gobierno francés, según el comisario, Serge Guilbaut, para "renacer y situarse de nuevo en la escena internacional".
"L'Aubade" (1942);, "Naturaleza muerta con cráneo y jarra" (1943);, "Desnudo sobre un diván" (1944);, "Monumento a los españoles muertos por Francia" (1946); o "La paloma" (1949); son algunas de las obras que se pueden contemplar de Picasso, "héroe de la resistencia, que se desplazó a Antibes para producir una obra anárquica y sensual, transmisora de la 'joie de vivre'", apunta el comisario.
Acabada la guerra, en 1946 tuvieron lugar los primeros intercambios entre artistas franceses y americanos y ese mismo año, EEUU fue protagonista de uno de los hitos cruciales de la posguerra, la explosión atómica en el atolón de Bikini.
En ese contexto, los artistas intentaban, con la abstracción y el primitivismo, manifestar las angustias de la cultura norteamericana, definida por el miedo al comunismo y a la bomba atómica.
Según Borja-Villel, "desde el punto de vista institucional, para EEUU ganar la guerra cultural y ocupar el lugar de París como centro era asumir el liderazgo de Occidente para hacer frente a la URSS".
La batalla ideológica en París estaba en todo su apogeo: André Fougeron, pintor comunista, presentó el cuadro "Parisinas en el mercado", también presente en la exposición, una obra propia del realismo social; y en paralelo el Departamento de Estado de EEUU contrarrestó la campaña de la paloma de la paz de Picasso.
El itinerario expositivo continúa en la primera planta y abarca cronológicamente desde los últimos años 40 hasta finales de los 50, cuando París queda atrapada entre EEUU y la URSS durante la guerra fría y pasa a ser el campo de una "intensa batalla de imágenes".
Hacia 1956, la abstracción fue el estilo dominante en el arte, tanto en EEUU (expresionismo abstracto o la 'action painting'); como en Francia (abstraction lyrique, art informel o art autre);.
La exposición se completa con la abstracción española de la época, documentada con obras de artistas como Esteban Vicente, José Guerrero, Tàpies, Manuel Millares, Antonio Saura y Luis Feito.